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Vida devaluada y soberanía fallida en Plop de Rafael Pinedo

RAFAEL PINEDO, Plop, Madrid: Editorial Salto de Página, 2007, 151 pp.

A finales de 2001, el Estado argentino estableció una prohibición por la cual no se permitía el movimiento libre de las divisas económicas que se encontraban en los bancos. Esta decisión, conocida como el corralito, significó un punto de quiebre no sólo para la economía argentina, sino para un grupo de escritores que tomó este evento como un punto de cambio respecto a su posición crítica y estética. Los procedimientos neoliberales puestos en práctica por el gobierno de ese entonces pueden leerse como acciones estatales de corte biopolítico, las cuales buscaban el control de la población a través de la normativización de las prácticas de los individuos. Así, la literatura en Argentina se convirtió en un espacio para señalar los límites, las exclusiones y las pautas que se estaban produciendo en los dispositivos de poder del Estado.

Críticos como Elsa Drucaroff (2006) señalan que la experiencia de los eventos ocurridos durante el corralito significó para los autores nacidos después de 1970 tanto una toma de conciencia histórica, como un rompimiento con el pasado e implantó la necesidad de releer la forma en la cual se construían las relaciones entre comunidad y Estado. Novelas como Los invertebrables (2003) de Oliverio Coelho o El año del desierto (2005) de Pedro Mairal, señalan una preocupación por las decisiones políticas que transformaron la vida de los argentinos en ese momento histórico, pero una de las novelas que muestra ese quiebre a partir de la transformación de lo contextual en propuesta poética es Plop (2002) de Rafael Pinedo, novela ganadora del Premio de Novela Casa de las Américas en 2002. Al igual que sucede en las novelas de Mairal y Coelho, Pinedo retoma elementos de ciencia ficción para elaborar un mundo que está basado en las posibles consecuencias de la destrucción de las bases sociales, culturales y jurídicas de la modernidad; a partir de una mirada crítica del corralito.

La obra de Pinedo se centra en la vida del protagonista: Plop. Narrado en primera persona, y estructurado como una analepsis, en la novela se cuenta la vida del protagonista desde su nacimiento como animalidad pura, pasando por su ascenso al poder como soberano y terminando con su muerte en un sacrificio que recuerda a lo que Agamben llama nuda vida. A medida que Plop asciende a través de los diferentes niveles jerárquicos de la comunidad, se producen cambios sociales que muestran cómo en la constitución de un Estado se pasa de normas que buscan “hacer morir” (Estado Soberano) a normas que “hacen vivir” (biopolítica).

Desde el nacimiento de Plop en medio de “un berrido, un ruido sordo, amargo, en el charco de barro que tenía delante” (15), ya Pinedo indica cómo en El Grupo al que pertenece el protagonista hay una forma relacional que se marca desde lo animal: un espacio en el que no hay una cohesión comunitaria que dé un valor social a los sujetos; lugar en que un recién nacido puede ser tomado como perteneciente a la comunidad o como comida para los cerdos por igual. Diferente a la conformación sólida de una sociedad estructurada, en El Grupo la unión entre sujetos no se produce por una unidad bajo leyes sino por un afán de supervivencia individual: “Esa era la forma de supervivencia que se había dado en el Grupo. En otros había formas sociales de todo tipo. Cada uno armaba la estructura que podía. Para sobrevivir” (13).

En esta novela, la representación simbólica del corralito muestra cómo la política transforma las leyes para crear estados de excepción que se convierten en normalidad. Los sujetos que cohabitan bajo este cambio de paradigma crean formas de comercio que exacerban un capitalismo tardío. Mientras en el corralito real el trueque se convirtió en la reafirmación de la comunidad como posibilidad de interacción, en la visión pesimista de Pinedo se da una completa objetualización de los cuerpos y una reificación de los sujetos cuya vida ha perdido su valor social. Además, el conocimiento como episteme aparece en su potencialidad de ruina: el único libro que podría permitir una cohesión social pierde su valor simbólico cuando la vieja que lo sabe leer muere. En medio de estos residuos de construcción social, las votaciones existen como un ritual en el cual prima la función de la supervivencia de la comunidad: son actos simbólicos que mantienen una retórica democrática pero que no cumplen la función representativa, ya que se vota para decidir quién debe morir. Una ley elige a los individuos cuya existencia permite que se corra el riesgo de la disolución de la comunidad: los enfermos, los viejos, los deformes. Una sociedad animal en la cual “se sobrevive” (lema de El Grupo) y cuyas construcciones sociales solo aparecen como fallas, pone en duda la existencia misma de la ley, de la política.

Elías en el desierto (1818). Washington Allston (Google Art Proyect). {extraída de: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/39/Washington_Allston_-_Elijah_in_the_Desert_-_Google_Art_Project.jpg}

En este contexto, el motor de lo social se mueve únicamente por un peligro de la extinción de la vida y Plop aparecerá entonces como el sujeto que activa el mecanismo de dominación, usando para su beneficio la única ley que aparece como tabú: no se puede mostrar la lengua. Accionando la legalidad instaurada en la norma-tabú, Plop logra enganchar la maquinaria de la política produciendo la aparición del Soberano, auto fundándose como sujeto legal. Las normas que se disputan en este sentido serán entonces dispositivos inmunitarios (en palabras de Espósito) que hacen aparecer derechos de excepción, grupos de defensa, muros de protección, la instauración de lo sedentario y la creación de una idea de comunidad. Sin embargo, a pesar de que la estructura social que organiza la comunidad busca la eliminación de la barbarie (en un juego que pareciera glosar a la dicotomía fundacional de Sarmiento en Facundo), la violencia residual aparecerá como una lucha constante, dado que es la estructura la que produce las mismas acciones que intenta prevenir.

A partir de una mirada pesimista sobre las formas en las que se ha organizado lo social y lo cultural, Pinedo apunta justamente a la transformación de un poder estatal que pasa del hacer morir una vida devaluada, a un “hacer vivir” que resulta fallido, imposible de construir. Así, en la novela se muestra cómo solo es posible la inserción de una política de la vida en la normativización de las leyes que la misma construcción de la comunidad produce; esta acción de inmunización en la novela será la que Plop entenderá como una forma de cuidado de la comunidad que se convertirá en la base para la instauración de leyes.

Vista desde este lugar, Plop es una novela que plantea de manera simbólica las transformaciones culturales que trae consigo la destrucción de un sistema económico que, implantado por el Estado, nunca ha funcionado. Así, Plop forma parte de una serie de novelas que recrean las consecuencias de las políticas del neoliberalismo en Argentina las cuales Fernando Reati ha llamado de manera acertada “Postales del porvenir” (2006). Esta serie de libros (entre los cuales están La muerte como efecto secundario de Ana María Shua, o Una sombra ya pronto serás de Osvaldo Soriano) plantean la construcción de mundos futuros, generalmente de corte apocalíptico, en los cuales se exacerban las formas enfermas de sociabilización producidas por un modelo neoliberal de deshumanización.

Valdría entonces la pena pensar la forma en que esta novela se encastra estructuralmente en una propuesta estética. Si bien la novela de Pinedo ha sido leída en su relación con los géneros de masa como la ciencia ficción y la fantasía; pensar en la razón por la cual Pinedo se decide por esta estructura lleva a pensar la construcción ideológica que exige el momento histórico argentino. Previo al corralito, la novela argentina daba prioridad a las novelas históricas en las cuales la recuperación de la memoria aparecía como eje ideológico. La búsqueda de una identidad nacional seguía sujeta a un pasado que le daba validez. Ya en las novelas del neoliberalismo, el pasado como elaboración de identidad deja su lugar a una gran pregunta por la forma en que se construye un futuro que se transforma a partir de estados de excepción que no dan lugar a lo prospectivo, porque no existe un futuro posible por imaginar. Así, en estas novelas el futuro toma el lugar del pasado y la identidad se convierte en un vacío simbólico sobre lo identitario y exiguo en lo lingüístico. Es quizá por esto que la novela de Pinedo tiene un lenguaje parco, sin metáforas y con una ausencia casi absoluta de adjetivación; las frases son cortas y el lenguaje está desprovisto de cualquier clase de grandilocuencia. Las marcas de identidad lingüística solo aparecen dos veces indicando un “ché” que aparece con extrañamiento, ajeno. La transformación del lenguaje oral subraya la reificación de los cuerpos, despojándolos de cualquier clase de humanidad o subjetividad; así la muerte es un reciclaje y el coito un uso.

Al final de la novela, Plop instaura un estado de excepción público en el cual se permite a sí mismo el uso de la lengua frente a toda la comunidad. La respuesta del Grupo a esta acción es el rechazo y el asesinato. A partir de esta transmutación en las formas de legalidad, Plop pierde su existencia política y se convierte en nuda vida, ya no es reconocido como un Soberano, sino como aquel que está por fuera de la norma, aquel que cruza el límite y enuncia desde el lugar de la exclusión.

El mundo prometido a Juanito Laguna (1965). Antonio Berni (Educ.ar). extraída de: http://repositorioimagen-download.educ.ar/repositorio/Imagen/ver?image_id=02725f04-67c7-40f5-80a9-82f0fe762a00}

En el proceso de transformación de las relaciones políticas que se muestran en Plop, la muerte aparece como un elemento que está presente en todo momento. Desde el inicio, en la lucha del Grupo por la supervivencia, el peligro de muerte es lo que obliga a la unión y a la movilidad. Las acciones de Plop como soberano funcionan como dispositivos políticos que producen muerte tanto en la práctica del hacer morir como en la de hacer vivir. Esta muerte omnipresente se presenta entonces como la raíz de la comunidad y como el horizonte posible de toda acción política. La muerte de Plop abre y cierra el libro, es una muerte para la cual el barro funciona como materia prima. Por ello toda acción comunitaria parece destinada a una política de la muerte; por ello, Plop inicia el libro con las palabras: “Todo el esfuerzo es para este momento, para llegar, para finalmente morir” (12), y termina afirmando:

Él era el genio de la vida en el barro, el artista de la supervivencia en el barro. Era Plop. Su nombre pasaría a significar El que nace en el barro, El que vive en el barro, El que muere en el barro. Seguía siendo Plop. Pronto iba a dejar de serlo (151).

Obras citadas

  • GIORGIO AGAMBEN, Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida, Madrid: Editorial Pre textos, 2003, 256 pp.
  • ELSA DRUCAROFF, “Narraciones de la intemperie. Sobre El año del desierto de Pedro Mairal y otras obras argentinas recientes” en: Revista El interpretador, 27 Junio, 2006.
  • ROBERTO ESPÓSITO, Biopolítica y filosofía, Buenos Aires: Amorrortu, 2011, 208 pp.
  • FERNANDO REATI, Postales del Porvenir, Buenos Aires: Editorial Biblos, 2006, 230 pp.

Colaborador invitado

Rodrigo Bastidas Pérez

Candidato de PhD en Literatura de la Universidad de Los Andes (Bogotá), Maestrando en Literaturas Latinoamericana y Española de la Universidad de Buenos Aires y Magíster en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia. Docente, investigador en el campo de la ciencia ficción latinoamericana, es el autor de Relojes que no marcan la misma hora, y Cronómetros para el fin de los tiempos (Editorial Planeta, 2017); antologías de ciencia ficción colombiana.

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