Mario Levrero Fuente: escaramuza.com.uy

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Algunas posturas literarias de Mario Levrero a partir de sus Conversaciones

Las entrevistas orales o escritas, las cartas y, como se verá en seguida, las conversaciones, son epitextos que rodean una obra y por tanto se ubican fuera de ella. Como menciona Gérard Genette: “es epitexto todo elemento paratextual que no se encuentra materialmente anexado al texto en el mismo volumen, sino que circula en cierto modo al aire libre, en un espacio físico y social virtualmente ilimitado” (295).  

El libro Conversaciones con Mario Levrero es un epitexto latente que gira alrededor de la obra levreriana y resulta una fuente imprescindible para conocer el trabajo literario del autor de Caza de conejos; se trata de las pláticas vía correo electrónico entre éste y su coterráneo y formador del volumen, Pablo Silva Olazábal, que mantuvieron entre el año 2000 al 2004. El trayecto editorial de esta publicación ha permitido ediciones en Uruguay (Trilce, 2008; Criatura editora, 2018); Chile (Lolita Editores, 2012); Argentina (Conejos, 2013 y 2016); y España (Ediciones Contrabando, 2017). Cada una de estas versiones son ampliadas, aumentadas y con la intención de ser las definitivas. Por ejemplo, la edición chilena, que es la que aquí se utiliza por ser más accesible, contiene tres anexos: una carta de Silva Olazábal al editor, una entrevista de Álvaro Matus a Levrero y un ensayo de Ignacio Echevarría; en la edición española, además de esos anexos, hay dos poemas de Levrero y una pregunta al también escritor uruguayo, Juan Carlos Onetti. 

Mario Levrero Fuente: escaramuza.com.uy
Pablo Silva Olazábal. Fuente: emisoradelsur.uy

Si en algún momento fuera posible el acceso a todas las ediciones de Pablo Silva Olazábal, sería interesante observar la evolución de estas adendas y cómo van acompañando a las Conversaciones definitivas; por ahora es viable subrayar que el éxito editorial se debe al protagonista en cuestión, pues Jorge Mario Varlotta Levrero (1940-2004) escribió alrededor de diez novelas y quince libros de cuentos, así que conocer sus opiniones sobre la escritura y la literatura refleja la poética de un autor prolífico con una idea nítida sobre lo que quería expresar en sus textos. Dentro de las consideraciones del epitexto, Genette también destaca que “no obstante ser ésta una definición puramente espacial, no carece de consecuencias pragmáticas y funcionales” (295); por esta razón a continuación se revisan dos miradas literarias de Levrero que se traducen en: consejos de escritura y perspectivas respecto al lector.

Si bien el rescate epistolar entre escritores expone una voz confesional que acerca a los lectores a la cotidianidad, e incluso puede develar los miedos del autor, el trabajo que presenta Silva Olazábal tiene la ventaja de ser un conjunto de diálogos en el formato del correo electrónico entre dos personas que ya se conocen; por lo tanto, existen preguntas a modo de entrevista, pero también la continuación temática en la comunicación, como ocurre con las cartas, y el trabajo de autoedición que implica escribir a computadora, a diferencia de la correspondencia más antigua, escrita a mano y difícil de enmendar.

El libro no podría llamarse “cartas” o “correspondencia” pues la comunicación no está fechada, tan sólo se advierte el parámetro de los cuatro años y desde el inicio se anuncia la eliminación de ciertos comentarios que no encaminaban a mostrar la visión literaria de Mario Levrero; por lo que tampoco es una entrevista formal con la intención de entresacar cierto aspecto del autor. Con Conversaciones se hace alusión a un formato más libre, tanto en los temas que van de la literatura, el cine o los sueños, hasta en el modo de expresarse, donde Levrero da ciertos regaños a Silva Olazábal y éste a su vez le indica opiniones críticas sobre algunos pasajes de la “Trilogía involuntaria”. Aquí cabe señalar que el interlocutor participó en algunos de los talleres virtuales que impartía Levrero; entonces, no se trata de un crítico o biógrafo en busca de inmortalizar o justificar el objeto de estudio, sino más bien de la curiosidad por la escritura y la mejor recomendación para alcanzarla. De manera global, las conversaciones pueden tomarse como consejos para escribir, útiles para autores noveles, consagrados o meros curiosos.

Consejos de escritura

Algunos de los consejos de escritura son señalados por Silva Olazábal en la manera de distribuir las conversaciones, pues éstas están divididas en diez secciones que, aunque no están numeradas, cada una es titulada por alguna frase contundente mentada por Levrero y entresacada del conjunto de diálogos. Es así que desde el índice del libro ya encontramos ciertos títulos-consejos que incluso recuerdan a los decálogos de otros escritores.1 Por ejemplo: “Se escribe a partir de vivencias”, “La literatura tiene el don de generar culpa”, “Hay que escribir cuando se tiene necesidad”, “Para mí lo que no está en un texto no existe”.

Sin embargo, es importante no descontextualizar las frases; en la sección “La estructura del cuento es igual a la del chiste”, a pesar de ese título tan contundente, el lector puede ir directo a la conversación y encontrar que las palabras de Levrero sí marcan una diferencia importante entre ambos tipos de comunicación, la estructura podrá ser similar, pero “la diferencia entre uno y otro es que el cuento no busca necesariamente hacer reír” (27).

Fuente: www.librosdelamanecer.com

Además de la señalización de Silva Olazábal al titular las secciones con frases leverianas, conviene mencionar otros consejos recurrentes en las pláticas: “apelar a lo ilógico e irracional”; “escribir con divertimento y libertad, sin engañar”; “la literatura es imagen pues lo que importa no es el qué sino el cómo”, y “los finales no tienen por qué ser la solución de algo”. Ahora bien, si de consejos se trata, están aquellos incisivos que hace Levrero hacia su interlocutor, respecto a los textos que él le enviaba para pedir su opinión; aquí se nota la amistad y el conocimiento mutuo, pero son interesantes porque también acentúan una poética levreriana: “es que a veces narrás a toda velocidad, hacés demasiados chistes, forzando un humor que no brota naturalmente de la historia, y todo eso […] Vos tenés mucho humor, y del bueno, pero hasta ahora no encontraste la forma de ejercerlo como corresponde. No te enojés” (27).

Asimismo, sobresale la postura de Levrero respecto a las editoriales y las formas de publicación, la cual funciona a manera de exhortación para cualquier escritor que quiere ser conocido: “Después de completar el libro, sin ilusiones ni ansiedades, probá una editorial, y otra, y otra; te engañarán, y te harán esperar, y algunos te desvalorizarán, pero de repente sale. Y después que sale no pasa nada, o si pasa no te enterás. Pero con el tiempo, la publicación de un libro trae muchos amigos valiosos” (85). Cabe señalar aquí que la libertad y el divertimento en los que Levrero enfatiza son una postura constante y se evidencian en este consejo respecto a la fase de publicación, donde las ilusiones estorban. “Al escribir con la mente puesta en la publicación, actúa esa tercera pata que podríamos llamar super yo (censura). Las cosas más propiamente literarias las he escrito con mayor libertad” (64).

Fuente: avionesdesplumados.blogspot.com

Perspectivas respecto al lector

Por otro lado, las opiniones y perspectivas de Mario Levrero manifiestan una conciencia sobre el modo de percibir al receptor. Incluso describe cómo les entrega sus textos a algún amigo o a su esposa, pero cuando toma conciencia de que también tendrá lectores desconocidos, comienza la adrenalina y saltan las erratas; por lo tanto, va perfilando ese lector implícito que, como menciona Wolfgang Iser, es esa “estructura del texto en la que el receptor siempre está ya pensado de antemano” (64).

Para entender a su propio receptor, Levrero hace visible la dualidad autor-lector imposible de desligar y qué muchas veces se confunde entre uno y otro:

Mis gustos de lector no coinciden con mis gustos de escritor. Como son textos míos, los leo con entusiasmo, pero no del mismo modo con que leo cosas que realmente me gustan, como las novelas policiales. Creo que los leo como escribiendo; me voy adelantando a lo que creo que debería decir a continuación, y cuando encuentro que realmente lo digo, me maravillo y pienso: ‘qué bien escribe este tipo’ (36).

Durante algún tiempo, Levrero trabajó haciendo críticas literarias en prensa, a pesar de ello, de las posturas a manera de consejo y de las reflexiones respecto al receptor, él se manifestaba en contra de la crítica: “Para mi gusto, la crítica es una actividad innecesaria, improductiva, muchas veces destructiva” (64). Y aunque su conversador le increpa su antiguo trabajo, Levrero responde que por eso mismo el periodismo literario le parece inútil, condenable y pernicioso, incluso agradece que los críticos de la prensa sean bastante inexistentes.

Resulta sugestiva esta afirmación de alguien que reflexiona constantemente sobre el trabajo literario y su recepción. Sin embargo es comprensible y coherente con la idea de libertad y divertimento dentro de la escritura que se mencionó más arriba; Levrero manifiesta en sus Conversaciones, así como en sus textos, una intención por no encajar en géneros establecidos, sino revertir las convenciones y de esta manera cumplir únicamente con él mismo.

Fuente: criatura.com.uy

La entrevista de Álvaro Matus como parte de los anexos del volumen muestra la diferencia entre las conversaciones de Silva Olazábal -en un formato más relajado que permite discutir sobre Buñuel, Herman Hesse, Onetti, o intercalar consideraciones sobre psicología-, y las preguntas premeditadas entre dos personas que se conocen por primera vez. Las preguntas de Matus son muy concretas: atiende a sus libros específicos e influencias literarias, como si quisiera confirmar lo que ya ha intuido en sus lecturas. Y en las respuestas se puede ver la coherencia del autor que reafirma muchos elementos ya visibles en las Conversaciones anteriores, como por ejemplo, el gusto por el cine y las novelas policiales, así como la crítica a la falsedad en el mundo literario.

El trabajo de Matus da pie al de Ignacio Echevarría, pues éste inicia criticando al primero respecto a la afirmación “peregrina” en la que Matus compara La Novela luminosa de Levrero con El hombre sin atributos de Musil; a raíz de este cuestionamiento, Echevarría sostiene que la obsesión de Levrero, que recorre toda su obra, es “la búsqueda de la salvación del Espíritu” (129). Pero para esto explica la influencia de Kafka, más tangible que la relación con Musil. Y la búsqueda del Espíritu se refiere a lograr comunicar una experiencia espiritual a partir de la literatura. Aunque el texto de Echevarría tiene un formato distinto a los diálogos anteriores, demuestra aclaraciones útiles respecto al modo de recibir la obra de Levrero.

Fuente: elpezvolador.wordpress.com

Al revisar la bibliografía de Levrero son visibles otros tipos de entrevistas a cargo de Elvio Gandolfo. Por ejemplo: Un silencio menos (Buenos Aires, Mansalva, 2013). O Conversación con Mario Levrero. De las palabras solitarias a las palabras cruzadas (Montevideo, La razón, 1987); las entrevistas de Pablo Rocca (Montevideo, Brecha, 1992) y las conversaciones con Hugo Verani (Nuevo texto crítico, Vol. III, 1996). Así como el epitexto ficcional: Entrevista imaginaria con Mario Levrero por Mario Levrero, la cual finaliza con la imagen de Levrero arrojando su computadora al entrevistador, donde muestra una clara crítica a este tipo de formatos y evidencia, nuevamente, su divertimento en y por la literatura.

Los epitextos son instrumentos para comprender una obra, lo cual no quiere decir que el texto deba ser interpretado a partir de estos, pero en el caso concreto de las entrevistas y conversaciones, se trata de elementos que condicionan positivamente nuestra forma de lectura, pues abren la posibilidad de estudiar el contexto del autor y sus perspectivas literarias, ya sea como consejos, críticas o posturas respecto a la libertad y divertimento de la escritura.

Bibliografía:

Genette, Gérard, Umbrales, México, Siglo XXI, 2001.

Iser, Wolfgang, El acto de leer, Madrid, Taururs, 1987.

Silva Olazábal, Pablo, Conversaciones con Mario Levrero, Chile, Lolita Editores, 2012.

Acerca del autor

Laura Elisa Vizcaíno Mosqueda

Doctora y maestra en Letras por la UNAM. Realizó la licenciatura en Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana, y estancias de investigación en la Universidad de Buenos Aires y en la Autónoma de Barcelona. Es Investigadora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores desde el 2018. Sus líneas de investigación son la historia editorial del cuento mexicano, la teoría del microrrelato y temas de metaficción y posmodernidad…

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Notas al pie:

  1.   Algunos decálogos imprescindibles son “Decálogo del perfecto cuentista” (1925) de Horacio Quiroga; “Antidecálogo del escritor” (1948) de Jorge Luis Borges; “Decálogo del escritor” de Augusto Monterroso (1978). Se pueden consultar en Teorías de los cuentistas. Comp. Lauro Zavala, UNAM, 2008.