Portada de La primera calle de la soledad (Planeta, 2020)

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Los años 90 y la novela cyberpunk en México: La primera calle de la soledad de Gerardo Porcayo

 

El término cyberpunk fue acuñado por Bruce Bethke y combina los vocablos cyber, abreviatura de la palabra cybernetics, que describe el campo científico-interdisciplinario que estudia las relaciones de control y comunicación entre un animal y una máquina; y por otro lado, punk, que hace referencia al estridente género musical de los años 70 y 80, a la sensibilidad y estética nihilista que lo acompaña, así como a la subcultura juvenil cuyo ethos anti-sistema y anti-corporativista se puede resumir en la máxima “Do it yourself”. En un esfuerzo por tipificar esta corriente, en Cyberculture, The Key Concepts, el teórico David Bell define el cyberpunk como una corriente dentro de la ciencia ficción que comenzó con la publicación del Neuromancer de William Gibson en 1984 (38).

Blade Runner (1982) de Ridley Scott, película inspirada parcialmente en Do Androids Dream of Electric Sheep? de Philip K. Dick, es considerada la ejemplificación perfecta de la máxima acuñada algunos años después por Bruce Sterling para describir la esencia del cyberpunk: “Low life – High Tech” (xiv). No obstante, el mexicano Gerardo Horacio Porcayo, en una conferencia dictada en septiembre de 1991 durante la Primera Convención de Ciencia-Ficción y Fantasía del Cono Sur, celebrada en la ciudad de Buenos Aires (2014), rastreaba los indicios de este subgénero en el uso de máquinas industriales para generar música, elemento distintivo del rock industrial de finales de los 70 y principios de los 80. Ejemplos paradigmáticos y de gran influencia en varias generaciones de jóvenes mexicanos son los álbumes Unknown Pleasures (1979) y Closer (1980) de la famosa banda inglesa Joy Division, producidos por el sello industrial Factory Records, que incorporan sonidos industriales y serán una influencia directa para el desarrollo no sólo del post-punk, sino del rock industrial de los años 80.

Icónica portada del álbum Unknown Pleasures (1979)

Porcayo considera también al filme de acción Mad Max de 1979 como precursor del cyberpunk. Protagonizada por Mel Gibson, aunque carente de elementos del ciberespacio, la película muestra ya un futuro distópico producto del colapso mundial debido a la crisis de los hidrocarburos. En este thriller futurista situado en el desierto, Max, un antiguo patrullero, a bordo de V8 Interceptor (un Ford Falcon GT), representa la esencia del vínculo cibernético: el hombre y su máquina (en este caso, el auto) enfrentados a un mundo futurista hostil y salvaje donde el nihilismo es la única forma de supervivencia. La secuela, Mad Max 2: The Road Warrior de 1981, incluirá ya personajes con prótesis mecánicas y la estética punk del cuero negro, el látex, las cadenas, los peinados mohawk y los estoperoles, iconografía que en los 90 será asociada a una estética del erotismo cyberpunk que será ampliamente popularizada por el filme The Matrix de las hermanas Wachowski.

Generalmente, al subgénero cyberpunk se le atribuye la representación de un mundo posmoderno en constante conflicto con la tecnología digital y cibernética. Algunos críticos han argumentado que las novelas cyberpunk pueden ser leídas como una teoría social sobre las posibilidades del futuro cercano.

Poster del filme Mad Max 2: The Road Warrior (1981)

Publicada originalmente en 1993 por el Fondo Editorial Tierra Adentro, reeditada en 1997 por Editorial Vid y en 2020 por Editorial Planeta, La primera calle de la soledad del morelense Gerardo Horacio Porcayo (Cuernavaca, 1966) es considerada, prácticamente de manera unánime, como la primera novela cyberpunk en Latinoamérica. No obstante, Hernán Manuel García, quizá el crítico que con más detenimiento ha documentado el desarrollo de este subgénero en México, data la primera publicación cyberpunk mexicana en 1991 con el cuento “La red”, de Isidro Ávila, que apareció en el segundo volumen de la famosa antología mexicana de Ciencia Ficción Más allá de lo imaginado (1991) de Federico Schaffler.

La primera edición de 1993 de la novela de Porcayo fue uno de los primeros títulos del recién creado Fondo Editorial Tierra Adentro (1990). Este fenómeno se explica, entre otros factores, por la creación en 1984 del “Premio Puebla de Ciencia Ficción” por parte del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) y el gobierno del estado de Puebla. Aunque de breve existencia, ya que en 1998 se convierte en un premio de “Ciencia Ficción y Fantasía”, este galardón cimentará las bases de un importantísimo y productivo grupo de escritores y lectores de Ciencia Ficción en México. Sobre estos avatares y el desarrollo editorial e institucional de la ciencia ficción en México, remito al artículo del académico Ignacio Sánchez Prado “Ending the World with Words: BEF and the Institutionalization of Science Fcition in Mexico” de 2012.

Por otra parte, llama también la atención que en el tercer tomo del proyecto Historia de las Literaturas en México de 2019, editado por la UNAM y coordinado por Rodríguez Lozano y Cruz Arzabal, se incluya un texto de Gabriel Trujillo Muñoz titulado “La ciencia ficción y su travesía mexicana de entresiglos”. Estos fenómenos hablan no sólo de una revalorización de la Ciencia Ficción en México, sino de la necesidad de ser incluida en el llamado canon literario.

Los protagonistas de la ciencia ficción cyberpunk usualmente se presentan como antihéroes pertenecientes al submundo (underground) que existe de forma paralela a sociedades hipertecnologizadas y disciplinadas. En las distopías cyberpunk conviven simultáneamente un extraordinario desarrollo tecnológico y material, con un obsceno atraso social y una patente decadencia moral. Tratándose de sociedades controladas por corporaciones que monopolizan el acceso a la tecnología y los recursos naturales, las brechas sociales y la desigualdad económica son diametrales: mientras una élite selecta goza de las bondades del desarrollo tecnológico, la gran mayoría de la población vive segregada y asolada por carencias materiales, crimen, prostitución, drogadicción y brutalidad policiaca. Justo de estos guetos en constante conflicto es de donde surgen los antihéroes de las ficciones cyberpunk, quienes suelen ser parias sociales que poseen destrezas tecnológicas inusuales y en algunos casos sobrenaturales. De ahí que el antihéroe cyberpunk suele identificarse con la figura del hacker informático.

Portada de La primera calle de la soledad (Planeta, 2020)

La primera calle de la soledad cuenta la historia de Óscar Martínez, un hacker informático apodado El Zorro a quien la Trip Corporation de la Ciudad de Monterrey ha contratado para que robe datos informáticos de los Laboratorios Mariano. El Zorro no sólo es un experto en redes, también cuenta con implantes cibernéticos en el cráneo y el ojo izquierdo que amplifican sus habilidades informáticas. Mientras realiza este crimen informático, el Zorro es descubierto y atacado por el programa al que trata de infiltrarse en el ciberespacio; al mismo tiempo, un comando armado de los laboratorios Mariano irrumpe en el lugar desde donde El Zorro se ha conectado y lo captura. El Zorro será sometido, hecho prisionero, transportado a una colonia lunar y torturado por Laboratorios Mariano, quien reconstruirá su cuerpo hecho pedazos tras el ataque con la condición de entrar al sistema de una secta conocida como los Hijos de Armagedón, secta religiosa en guerra con los seguidores del cristorrecepcionismo. Montada en una trama detectivesca que combina secuencias de acción narrativa con sueños, repentinos flashbacks, soliloquios y recuerdos que suceden en distintos tiempos narrativos, Porcayo nos ofrece una novela de buena factura literaria con evidentes guiños a diversas manifestaciones de la cultura popular y de la ciencia ficción clásica que entretejen una compleja y absolutamente novedosa historia en la ciencia ficción nacional. Sobre esto, Hernán M. García dice:

La novela de Porcayo, a través de una fragmentación constante, un abrupto cambio en el tiempo narrativo, así́ como con un constante juego de los puntos de vista propone la lectura de un texto “escribible” que obliga al lector a detenerse a reconstruir la lógica estructural del texto mediante una lectura atenta que permita crear significados y la re-construcción de una secuencia coherente. De este modo, la novela al no ser “legible” invita a los lectores a convertirse en productores del texto y a recapacitar sobre el tema planteado en la novela: los efectos y la problemática que puede desatar la proliferación y el uso indebido de los avances tecnológicos (10).

Se trata de la primera novela de un autor veinteañero que intenta aglutinar una conglomeración bastante amplia de referencias: cine, anime japonés, algunas referencias lovecraftianas, otras a Philip K. Dick, ciencia ficción cyberpunk norteamericana y acontecimientos particulares en México como la inauguración de la línea 1 del Metro en la Ciudad De Monterrey en 1991, la puesta en órbita del satélite solidaridad I en 1993, o la proliferación de sectas religiosas en el sur de Morelos, de donde el autor es oriundo. Esta suerte de novela pastiche, es un fenómeno que también observamos en la novela más famosa del cyberpunk chileno: Ygdrasil (2005) de Jorge Baradit. Si bien en términos de convención narrativa la novela ha sido descrita como confusa, es interesante notar que, si el lector maneja ciertas referencias cinematográficas, convenciones del subgénero cyberpunk o incluso referentes musicales, la novela se torna cada vez más legible, o bien, posibilita una construcción más coherente de la historia por parte del lector. Una novela-código involuntariamente escrita para una generación de fans mexicanos de la ciencia ficción que experimentan la promesa de la modernidad y, también, su estrepitosa caída; que comparten aficiones, carencias, desazones y anhelos, en suma, que hablan el mismo lenguaje. Menciono algunos ejemplos.

El título mismo puede ser un guiño al rock nacional: “La primera calle de la soledad” es el nombre de una canción escrita por el compositor Jaime López en 1985 e interpretada y popularizada por Cecilia Tousaint. En la letra de esta canción leemos:

Tal vez te suene esta tonada como transistorizada,
entonada por la laringitis del escape,
pero así suena en la tatema cuando vas a La Merced.
Tal vez te suenen mis palabras a humedad ahumada urbana,
tan cascadas por la sinusitis que contraje,
pero te traje escaparates, ¡ya le va!, pa’ su merced.
Desde el taxi, recorriendo medio sueldo,
veo al sol detrás, viajando de mosca,
llegando tarde a la chamba a chambear,
en la 1ra calle de la soledad.
[…]
Mete un metro en el boleto amarillento;
a media realidad te bajas –qué país–;
detrás del Palacio Nacional,
está a primera calle de la soledad.

La canción habla de la desazón urbana juvenil en la Ciudad de México en la década de los 80. Desazón que puede extrapolarse a las juventudes de otros grandes centros urbanos del país durante la misma época. En este sentido, la novela puede ser leída como la alienación de subjetividades juveniles urbanas con empleos precarios, atravesados por crisis económica, violencia y crimen a la espera de esa gran promesa salinista de que habíamos dejado de pertenecer al tercer mundo. En el citado artículo de Sánchez Prado, leemos también: “it is important to remember that SF’s prominence is directly linked, in a country like Mexico, to the collapse of established notions of national identity, which in turn allows for the creation of new urban subjectivities that articulate youth to different forms of polity” (113). La cultura de la Ciencia Ficción en México está ligada, pues, a subjetividades urbanas rebeldes –las mal llamadas tribus urbanas– que intentan resignificar la identidad nacional. Juventudes que, además de rebeldes, son juventudes precarizadas que empiezan a vivir en carne propia el fracaso de la política neoliberal.

La novela tiene un evidentísimo parecido visual a la película Total Recall (1990), distribuida en Latinoamérica como El vengador del futuro, y al cuento de Philip K. Dick “We can remeber it for you wholesale”. De hecho, Porcayo dedica la novela a tres de los que considera los grandes maestros de la Ciencia Ficción: Asimov, Heinlein y, por supuesto, K. Dick. Los mineros y obreros, “manchados debido a la mala alimentación y el pobre oxígeno”, que pelean en la colonia lunar de la que El Zorro trata de escapar, son los humanos marginales que viven en las colonias lunares de la película protagonizada por Schwarzenegger que sufren de mutaciones debido a la mala calidad del oxígeno que monopoliza una malévola corporación.

A pesar de que la mayor parte de la novela acontece en estaciones lunares alejadas de la ciudad de México o Monterrey, donde se ha desarrollado la vida de El Zorro, hay siempre referencias que apuntan al metro o los centros urbanos del país. Se sugiere, también, que estas colonias son el lugar al que han sido desplazados los marginales que no pueden vivir en las caóticas urbes postindustrial en la Tierra: “Monterrey, la urbe por excelencia después de la corrosiva D. F. –capital de todo, menos de la industria científica–. Tras años de búsqueda, de producción sin control, alcanzó la cúspide de la saturación (15).

En este sentido, las colonias lunares pueden ser leídas como analogías de la periferia de las grandes ciudades, desde donde diariamente miles de ciudadanos de clases medias y bajas se transportan al centro para trabajar o estudiar. Son justo estas marginalidades urbanas las que pasan largas horas de su día sumidos en el espacio subterráneo del metro. Al comienzo de la novela, el Zorro contempla la masiva estructura del metro y mientras se desplaza por sus escaleras eléctricas cabila sobre las manías de la arquitectura funcional gubernamental. Dato curioso que el transborde de la estación Chabacano del metro de la Ciudad de México, donde confluyen las líneas 2 y 8, fuera justo el set para la grabación de varias secuencias de Total Recall, pues su arquitectura funcional y “posmoderna” era, en los años 90, lo más asemejado al futuro distópico posindustrial que intentaba representar el cine de Hollywood.

Astronautas en Marte, captura del filme Total Recall 1990

Dicho esto, propongo leer esta novela como una reivindicación de la cultura popular y los códigos urbanos de las subjetividades juveniles de los centros urbanos del país en los años 90: subjetividades asoladas por crisis económica, violencia estructural, crimen y falta de empleo.

Qué puede ser más cyberpunk (utilizo aquí la categoría como adjetivo), me pregunto, que unos chavos de la Ciudad de México, con conocimientos de electrónica muchas de las veces adquiridos de manera autodidacta, congregados en un oscuro departamento de alguna vecindad en Tepito que, al cabo de varias noches de ensayo y error, se las han ingeniado para adaptar un chip electrónico que “hackea” la consola de videos juegos más popular del mercado (el Sony Playstation) para hacer sus juegos asequibles a los sectores populares de la Ciudad de México mediante la piratería. La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC) y de tratados comerciales que se remontan a finales de los 80, provocaron que la famosa fayuca dejara de ser un negocio rentable para el comercio informal aglutinado en el barrio de Tepito de la Ciudad de México, y es justo cuando hace su aparición la piratería china. El “Do it yourself” anti-corporativista del punk de los años 70 se transforma en la defensa moral de una economía paralela y pirata que resiste los embates de la economía de mercado neoliberal.

Como sugiere Hernán García, el cyberpunk en México puede ser descrito como una narrativa hiperrealista que lejos de ofrecer soluciones, narra los problemas como el desempleo, la injusticia social, la discriminación racial o de clase. Qué podría ejemplificar mejor la máxima cyberpunk “High tech–low life” que un proyecto económico voraz, culminado con la implementación del TLC en 1994, que bajo la insignia de la “modernidad” sumirá a gran parte de la población mexicana en la precariedad o la miseria, mientras una élite político-corporativa se beneficia de los bienes nacionales mediante las expropiaciones y privatizaciones. La novela de Porcayo, quizá sin advertirlo, vislumbraba hace ya 27 años las devastadoras consecuencias del modelo neoliberal en México.

 

Obras de referencia

Bibliográficas

Bell, David, Loader, Brian D., et al. Cyberculture. The Key Concepts. New York: Routledge, 2004.

Garcia, Hernan Manuel. “Texto y contexto del cyberpunk mexicano en la década del noventa”, Alambique: Revista académica de ciencia ficción y fantasia / Jornal acadêmico de ficção científica e fantasía: Vol. 5: Iss. 2, Article 5.

Porcayo, Gerardo Horacio. “Cyberpunk: Coyuntura entre ciencia ficción y thriller”. La Langosta se ha Posteado. Blog de internet, 2014. Consultado en febrero de 2020: http://lalangostasehaposteado.blogspot.com/2014/08/cyberpunk-coyuntura-entre-ciencia.html

Porcayo, Gerardo Horacio. La primera calle de la soledad. México: Planeta, 2020.

Sánchez Prado, Ignacio. “Ending the World with Words: BEF and the Institutionalization of Science Fcition in Mexico”. Ginway, Elizabeth & Brown, J. Andrew. Latin American Science Fiction: Theory and Practice. New York: Palgrave McMillan, 2012.

Schaffler, Federico. Más allá de lo imaginado: antología de ciencia ficción mexicana. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1991.

Sterling, Bruce. “Preface”. Burning Chrome by William Gibson. New York: HarperCollins, 1986.

Trujillo Muñoz, Gabriel. “La ciencia ficción y su travesía mexicana de entresiglos”.

Rodríguez Lozano, Miguel & Cruz Arzabal, Roberto. Historia de las literaturas en México Siglos XX y XXI. Vol 3. Hacia un nuevo siglo (1968-2012). México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2019.

Filmográficas

Mad Max. Dir. George Miller. Roadshow Entertainment, 1979.

Mad Max 2: The Road Warrior. Dir. George Miller. Warner Bros. Pictures, 1981.

Blade Runner. Dir. Ridley Scott. Warner Bros. Pictures,1982.

Total Recall. Dir. Paul Verhoeven. TriStar Pictires, 1990.

Acerca del autor

Oscar Zapata García

Estudiante del doctorado en Lenguas y Literaturas Hispánicas de la Universidad de Pittsburgh. Egresado de la Maestría bilingüe en Creación Literaria de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) y de la Licenciatura en…

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