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Aportes recientes para el estudio de las masculinidades

Claramente, poner fin al patriarcado es necesario para que los hombres
tengan una liberación colectiva. Es la única solución a la crisis de la
masculinidad que están experimentando la mayoría de los hombres.
bell hooks, El deseo de cambiar

Desde finales de los años ochenta del siglo pasado la idea de “la crisis de la masculinidad” se ha extendido en diversos ámbitos sociales; no obstante, esta expresión recibe diversos significados que pueden ir desde la búsqueda de alternativas para la construcción de masculinidades no patriarcales, hasta la reafirmación de masculinidades violentas que buscan restituir los “privilegios perdidos” por los hombres, una reacción agresiva que acusa a los feminismos de la situación precaria en la que viven la mayoría de los varones. En un contexto de transformación del orden de género, el cine y las series de televisión desarrollan obras que dan cuenta de este reordenamiento; en este caso, desde la década de los noventa – y antes– las producciones cinematográficas y televisivas centradas en las crisis experimentadas por personajes masculinos han ido en aumento. Por ejemplo, la miniserie Adolescencia (2025) es la más reciente de estas producciones, en ella se abordan las problemática que conducen a un adolescente de trece años –blanco y de clase media– a cometer el feminicidio de su compañera de clase; la entusiasta recepción de este programa no sólo ha destacado su pericia técnica –cada capítulo está filmado en un único plano secuencia–, sino también la complejidad con la que se trata la violencia machista en las diferentes esferas de la vida cotidiana; además, Adolescencia ha puesto en circulación masiva un conjunto de términos relacionados con diversos movimientos masculinistas, como “incels” –célibes involuntarios– y “manosphere” –manosfera–, poco conocidos fuera de los círculos especializado en estudios de género.1

Afortunadamente no sólo han aumentado las series y películas centradas en la “crisis de la masculinidad”, en los últimos cuarenta años los estudios sobre masculinidades –desarrollados al interior de los estudios de género– se han constituido como un campo de investigación y de activismo sumamente productivo y diverso; los artículos, revistas especializadas, libros, seminarios, diplomados y congresos, entre otros, que abordan las masculinidades se incrementan de manera sostenida. En el caso de América Latina, las investigaciones sobre masculinidades inicialmente se desarrollaron a partir de las teorizaciones formuladas en el Norte Global –los aportes de la socióloga australiana Raewyn Connell han sido fundamentales–, pero paulatinamente han ampliado sus perspectivas para incluir problemáticas de la región, como las relacionadas con la colonialidad, la racialización y la etnicidad. A continuación, mencionaré sólo una breve muestra de obras publicadas en los últimos cuatro años que constituyen valiosos aportes –algunos de ellos introductorios– al estudio de las masculinidades. 

Tomando como punto de partida la amplia investigación teórica desarrollada para su tesis doctoral, aunada al trabajo realizado con varones que ejercieron violencia en sus relaciones de pareja, el extenso libro del antropólogo argentino Matías de Stéfano aborda críticamente la relación entre masculinidades y violencia; para de Stéfano es fundamental problematizar la expresión “violencia de género”, pues asegura que por medio de ésta se establece que los hombres son naturalmente violentos –el primer capítulo del libro aborda por extenso las diversas teorías que lo afirman– y propone dar una vuelta a los términos para indagar cómo se emplea la violencia como un dispositivo para “hacer género”, enfatizando que las agresiones realizadas por hombres en contra de otras personas no son un problema individual, sino una manera de ejercer y afirmar el poder dentro del patriarcado. 

Asimismo, el trabajo que Matías de Stéfano realizó durante un par de años en la Asociación Pablo Besson –que atiende casos de violencia desde una perspectiva integral– le permite recurrir a las experiencias de diversos hombres que de manera voluntaria o por mandato judicial acudieron a la Asociación para reeducarse y aprender a construir relaciones basadas en el cuidado, el respeto y el amor; a partir de los testimonios de los entrevistados –recogidos a lo largo de numerosas sesiones–, el autor muestra que una de las mejores alternativas para terminar con la violencia ejercida por los hombres es la reeducación, cuestionando las perspectivas punitivistas centradas en el castigo. Matías de Stéfano observa que la violencia ejercida por sus entrevistados es semejante a la que ellos sufrieron durante la infancia y la adolescencia, a partir de ella establecen relaciones y no cuentan con alternativas para vincularse de otras maneras.  

La “pedagogía de la crueldad” –para emplear la expresión de Rita Segato– es uno de los dispositivos más eficaces para sostener al patriarcado. Masculinidades (im)posibles. Violencia y género, entre el poder y la vulnerabilidad es un trabajo fundamental en el trabajo de desmonte de las masculinidades patriarcales, su lectura resulta sumamente útil para quienes trabajan con hombres y buscan construir entornos libres de violencia. 

Escrito desde una perspectiva sumamente crítica a los estudios de género, el libro más reciente de la filósofa inglesa Nina Power –reconocida por La mujer unidimensional (2016)– busca problematizar diversas nociones relacionadas con la masculinidad –en singular–, y cuestionar los excesos a los que la “cultura de la cancelación” ha llegado en diversos momentos, entre otros aspectos que se van abordando a lo largo del ensayo. Desde su perspectiva, el énfasis extraordinario que se ha puesto en los problemas identitarios de los seres humanos –vinculados con los intereses capitalistas–, imposibilita las luchas comunitarias al dividir a las personas –sus identidades– en buenas y malas, catalogando a la mayoría de los hombres como malos. Para Nina Power la división entre sexo y género no es necesariamente negativa, el problema consiste en afirmar que las diferencias sexuales no existen y que todo se reduce al género; la autora es consciente de que su afirmación se contrapone a muchos de los trabajos que el feminismo y los estudios de género han desarrollado en las últimas décadas, y por ello dedica una buena parte de su libro a esclarecer su postura. Asimismo, afirma que al centrarnos casi exclusivamente en el género, se pierden de vista otros aspectos fundamentales –particularmente la clase social– que desempeñan un papel en la construcción de la masculinidad. 

El carácter polémico del ensayo escrito por Nina Power evidencia su desacuerdo con muchos de los postulados de los feminismos y los estudios de género, además de caer en ciertas recetas fáciles para solucionar los conflictos en torno a la masculinidad. Asimismo, la bibliografía empleada por la autora da cuenta de investigaciones desarrolladas sólo en el Norte Global, sobre conflictos propios de ese espacio geopolítico, y no se establece ningún tipo de diálogo con pensamientos provenientes de otras latitudes. Lo anterior se traduce en que no haya una reflexión sobre el papel que la colonialidad y la racialización desempeñan en la configuración de las masculinidades, y en que el libro pareciera tener como interlocutores ideales a personas pertenecientes a grupos privilegiados, principalmente de Europa. A pesar de todo, ¿Qué quieren los hombres? La masculinidad y sus críticos es una lectura interesante para quienes ya cuentan con una formación en estudios de género, pues permite desnaturalizar ciertas afirmaciones que se han establecido como evidentes al interior del campo y medir el pulso de las reflexiones sobre masculinidades elaboradas desde otras coordenadas críticas. 

Concebido como un breve manual introductorio, el libro del sociólogo Alí Siles aborda críticamente una de las nociones más empleadas en los últimos años, la cual designa diversas ideas y actitudes dependiendo del contexto en el que se emplee. Lo primero que encontramos en el volumen es un rastreo de los orígenes de esta expresión –que inicialmente designaba un mayor involucramiento de los hombres en el cuidado de las infancias y el trabajo doméstico–, para señalar que no es claro en qué consiste la novedad de estas masculinidades, pues no hay un punto de contraste claro entre lo nuevo y… ¿lo tradicional, lo antiguo? Otro de los riesgos de la expresión es reducir la transformación de la masculinidad a un conjunto de acciones individuales, sin cuestionar el sistema estructural que sostiene las relaciones de género inequitativas y violentas.  

No obstante, Alí Siles no descarta la expresión “nuevas masculinidades”, sino que rescata lo positivo que puede extraerse de esta idea; por ejemplo, a partir de ella es posible pensar las masculinidades en plural –complejizando las oposiciones entre buenas y malas–, además de plantear la existencia de masculinidades no violentas que no necesariamente son nuevas o provenientes de grupos sociales privilegiados, sino que se anclan en otras formas culturales de ejercer la masculinidad. Al ser una introducción, el libro contextualiza las “nuevas masculinidades” dentro del patriarcado, y ofrece explicaciones claras sobre conceptos fundamentales como “masculinidades alternativas”, “lenguaje incluyente” y “masculinidad frágil”, entre otros; además, cuenta con un breve glosario sumamente útil para comprender muchos de los términos especializados empleados a lo largo de los capítulos.  Sin duda ¿Nuevas masculinidades? Una breve introducción es un muy buen material para las personas interesadas en este campo de estudios. 

Tomando como punto de partida la distinción entre “macho en precario” y “macho en propiedad” –desarrollada por Josep Vincent Marqués a finales del siglo pasado–, la investigadora chilena Ainhoa Vásquez Mejías realiza una compleja e interesante aproximación a la narcocultura, empleando un lenguaje accesible dirigido a un público amplio, interesado en los temas relacionados con el narcotráfico. Su investigación parte de tres premisas fundamentales: el mundo del narco está conformado por machos hiperviolentos; la masculinidad de estos individuos es precaria –de ahí la violencia excesiva como una forma de autoafirmación–, y el performance violento se despliega como un espectáculo frente a sus pares, pero principalmente está destinado a quienes no formamos parte de ese ámbito.  

Con base en las premisas previas, Ainhoa Vásquez Mejías propone un deslinde esencial entre términos que comúnmente se emplean como sinónimos: narcotráfico, narcocultura, narcoficciones y narconarrativas. Resumiendo y simplificando las precisiones hechas por la investigadora, podemos entenderlos de la siguiente forma: el narcotráfico es un negocio criminal; la narcocultura designa los hábitos, códigos y normas de las personas involucradas en el narcotráfico; las narcoficciones son productos artísticos –relatos, películas, canciones, entre otros–realizados y consumidos por personas que no son narcotraficantes; y, finalmente, las narconarrativas son producciones sobre el mundo narco, pero realizadas desde una perspectiva crítica que problematiza dicho ámbito. En este sentido, la investigación de Ainhoa Vásquez es una narconarrativa que analiza la narcocultura desde una perspectiva de género, centrándose en el performance de la masculinidad en precario para ofrecer una interpretación sobre sus rituales, costumbres y valores. 

La perspectiva de análisis desarrollada en Narcocultura. Masculinidad precaria, violencia y espectáculo ofrece una vía de acceso para comprender las complejas relaciones entre masculinidades, violencia y narcotráfico, enfatizando que la solución a esta problemática no puede ser sólo económica, implica también el derrumbe de la masculinidad patriarcal hegemónica. La lectura de este libro resulta fundamental para comprender nuestro contexto actual, y también funciona como un modelo de lo que los estudios sobre masculinidades pueden hacer para incidir socialmente.     

 

Las obras brevemente comentadas son apenas una muestra del amplio corpus que los estudios sobre masculinidades han generado en los últimos años; además de estos libros, vale la pena mencionar el reciente lanzamiento –en el 2024– de la revista Masculinidades Latinoamericanas, auspiciada por la Universidad de Guadalajara, que en sus dos números publicados hasta ahora recoge un conjunto de interesantes artículos sobre distintas problemáticas relacionadas con las masculinidades. Como puede observarse, este campo de estudio y de activismo ha logrado consolidarse, y con ello contribuye a construir una sociedad más justa.   

Acerca del autor

Armando Octavio Velázquez Soto

 

Profesor Asociado de Tiempo Completo en el Colegio de Letras Hispánicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Doctor en Letras por la UNAM. Es profesor en las áreas de teoría de la literatura y literatura iberoamericana (colonial y contemporánea)…  

 

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Notas al pie:

  1. De acuerdo con Wikipedia “incel” es el acrónimo de la expresión “involuntary celibate” (célibe involuntario), y designa a las comunidades virtuales de hombres que afirman ser incapaces de tener relaciones románticas y/o sexuales con mujeres; muchas de estas comunidades son misóginas e incluso promueven la violencia en contra de las mujeres y de las personas LGBTQ+. Por otra parte, el término “manosphere” (manosfera) se emplea para designar al conjunto de sitios (páginas de internet, foros, blogs) en los que se promueve una masculinidad patriarcal, abiertamente hostil a los feminismos.