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Chilco y la sensibilidad propia de un tiempo en crisis

Es probable que, si pudiéramos preguntar a personas de distintas épocas y contextos geográficos por el significado de la palabra “crisis” cada una ofrecería una definición diferente, con matices semánticos particulares. La dispersión de estos sentidos da cuenta de la polisemia del término pero, sobre todo, de su fuerte dependencia de los factores que condicionan su enunciación. Es decir, la crisis es un concepto que se actualiza constantemente según el momento histórico y el espacio geográfico en que se inscribe. En consecuencia, los análisis de lo que está en crisis no pueden sino desplazarse dependiendo del objeto que se observe. 

Siendo más precisos, en el contexto contemporáneo la crisis ha sido radiografiada a partir del refuerzo de algunos valores fundacionales de la modernidad —como el dualismo ontológico o la lógica del crecimiento—, además de su estrecha alianza con el sistema capitalista (Escobar, Osterweil y Sharma, 2024). Esto ha consolidado el carácter multidimensional de una crisis que se manifiesta no solo en términos económicos, climáticos y políticos, sino también en transformaciones subjetivas, marcadas por una profunda angustia existencial (Bordoni y Bauman, 2016), la pérdida de la esperanza o la renuncia a la posibilidad de un futuro distinto (Escobar, Osterweil y Sharma, 2024). En esta misma línea, Franco “Bifo” Berardi (2016) describe este cambio como una mutación de lo sensible que se ha reforzado con el hecho de que “cuando termina una crisis, otra que, entretanto, se ha ido acercando hasta nosotros pasa a ocupar su lugar” (Bordoni y Bauman, 2016, p. 17). 

Desde esta perspectiva, adquiere relevancia la obra desarrollada por Daniela Catrileo (Santiago de Chile, 1987), poeta, narradora y profesora de filosofía, quien además forma parte del colectivo mapuche Rangiñtulewfü. Catrileo ha desarrollado una destacada obra poética, con títulos como Río herido (Edicola, 2016), Guerra florida (Del Aire, 2018), Las aguas dejaron de fusionarse con otras aguas (Pez Espiral, 2021), El territorio del viaje (Edicola, 2022) o Todas deseamos ser el sol (Las Guachas, Argentina, 2023). No obstante, es su creación narrativa la que nos interesa poner de relieve. En 2019 publicó su primer libro de cuentos, Piñen (Pez Espiral, 2019), y posteriormente, la novela Chilco (Seix Barral, 2023), galardonada con el Premio Municipal de Literatura de Santiago.  

El punto de partida de esta novela es la historia de Marina y Pascale, una pareja que huye hacia la isla de Chilco tras el inicio de los socavones que se abren en ciudad Capital, aparentemente sin causa: 

Unas semanas después del abandono empresarial, comenzaron los temblores constantes. Al principio, ni nos inmutamos, era un movimiento cotidiano en este país. Una ligera vibración en la tierra casi formaba parte de su pulso esencial, pero se volvió inquietante cuando no dejó de temblar. Había unos pequeñitos que apenas los percibíamos, y otros tan fuertes que teníamos que aferrarnos a los muros, a los árboles, a los hombros de otra gente. Ondulábamos al ritmo de la corteza terrestre y sus sacudidas telúricas. Las oscilaciones se volvieron cada vez más prolongadas. Algunas eran solo ruidos subterráneos, como zumbidos de abejas desde el más allá, mientras que otras parecían rugidos de fieras inimaginables que habitaban las entrañas de la tierra. A veces el estruendo era tan fuerte que retumbaba en las ventanas, los muebles, la loza. Levantábamos la voz para poder escucharnos (Catrileo, 2023, pp. 88, 89). 

Así, inmersas en una crisis habitacional provocada por la especulación inmobiliaria, el desplazamiento de las protagonistas a lo largo del territorio se entrelaza con una búsqueda identitaria marcada por la precariedad laboral, la migración y los procesos de racialización derivados de la colonialidad. El traslado de la ciudad a la isla dará lugar a experiencias disímiles: mientras que Pascale experimenta la huida urbana como un retorno sosegado a sus raíces lafkenches, para Marina representa un doble despojo, tanto material como afectivo. Por un lado, mediante el desarraigo de los espacios públicos y privados que habitaba —como el departamento que compartía con Pascale, el museo donde trabajaba o el barrio de La Chimba, donde se asentó su familia al migrar desde Perú y en el que estableció su negocio familiar—; y, por otro, a partir del abandono de una forma de vida sostenida por los vínculos y los cuidados familiares, amistosos o barriales: 

Tenía una ciudad tan amada y armada en mi cabeza que ni siquiera me había arriesgado a buscar a mi papá o mis ancestros en el Perú. Mucho menos había considerado ir a recuperar mi ayllu. Tal vez fuera por miedo a las mujeres fuertes de mi familia y su elección de echar raíces en una ciudad adoptada. Quizás temía convertirme en alguien triste que se mueve constantemente sin pertenencia. O tal vez era simplemente por comodidad (Catrileo, 2023, p. 123). 

Bajo nuestro parecer, la crisis por la vivienda, las relaciones interpersonales o la historia personal, familiar y comunitariaconstituye el eje central sobre el que gravita la novela, y son las dudas y el errático malestar de Marina, derivados de esta coyuntura, los que convocan el estado de incertidumbre en el que se sumerge. Por ello, su voz resulta fundamental en la construcción del universo narrativo de la novela, no solo por ser la protagonista de los acontecimientos, sino porque la narración en primera persona evidencia su transformación subjetiva. De esta manera, desde el inicio del relato vemos cómo la percepción del entorno proyecta su vulnerabilidad ante un mundo en quiebre, por ejemplo, cuando narra la filtración de la humedad en el espacio doméstico pero, también, en su cuerpo: 

En esta casa la humedad lo colma todo.
Siento que su aroma me devora. Cada habitación está impregnada de un olor denso, un olor a encierro. Prendo inciensos, palo santo, pongo cascaritas de naranja en las esquinas. Tengo fuentes con agua florida y pachulí. Impregno las sábanas y los visillos con colonia barata. Unto mi piel con aceites de hierba luisa, lavanda, romero. Restriego los restos de limones en mis brazos, en los codos. 
Y nada, no consigo nada (Catrileo, 2023, 17). 
Chilco

Así pues, a través de su propio relato se despliega un entramado afectivo que entrelaza el cuerpo, el territorio y la memoria para dar cuenta de las formas en que la crisis afecta la sensibilidad y la experiencia individual. Sin embargo, lejos de sumergirse en un estado de evasión, Marina establece relaciones con lo vivo y lo inerte. Y esto le permite construir una forma de entender la existencia imbricada con la de otros cuerpos, ya sean entidades, elementos y sustancias, o formen parte del reino natural, animal o vegetal: 

Abro las ventanas y el manto del Pacífico satura el paisaje. Abro las ventanas para que entre el viento puro, para que la brisa ingrese por el filo de mis costillas y aproveche para limpiarme por dentro. Desde afuera irrumpen alaridos de gaviotas, relinchos de caballos y olas salpicando bravas sobre los acantilados. Los aullidos de los perros se pierden con la bocina de los barcos. Para quienes habitan una gran ciudad, este conjunto de ruidos podría ser un testimonio de la quietud. El silencio para algunos es sinónimo de ausencia humana, con ello se refieren especialmente a la falta de palabras articuladas, al mutismo de las lenguas. Pero en este fragmento de tierra cada rumor es parte de un instrumento. Acá, cada susurro despliega una compleja melodía que te instala en la primera fila de un concierto improvisado (Catrileo, 2023, p. 17). 

Como vemos, la sensibilidad que desarrolla Marina, al percibir los otros cuerpos y entidades como parte de sí misma, abre la posibilidad de repensar la crisis desde la ruptura con los parámetros de la modernidad. En la medida en que fenómenos metereológicos como el viento o la brisa, fuerzas naturales —como el fuego, el océano y el mar— y otros seres vivos coexisten y se afectan mutuamente, la novela propone una ontología de carácter relacional que no niega la crisis, sino que la comprende desde su propia alteración. En Chilco, la separación entre lo vivo y lo inerte, lo humano y lo natural, se vuelve insuficiente para dar cuenta de la existencia, ya que todos los elementos participan en la recomposición de la vida en medio del colapso. Y es, precisamente, la narración de una existencia relacional la que, por un lado, permite convivir con las tensiones y obstáculos propios de la crisis y, por otro, posibilita rehacer los vínculos resquebrajados mediante la conjunción con estos elementos. 

 

BIBLIOGRAFÍA 

Bauman, Z. y Bordoni, C. (2016). Estado de crisis. México: Paidós.  

Bifo Berardi, F. (2016). Fenomenología del fin. Buenos Aires: Caja Negra. 

Catrileo, D. (2023). Chilco. México: Seix Barral. 

— (2023). Todas deseamos ser el sol. Buenos Aires: Las Guachas. 

— (2022). El territorio del viaje. Santiago de Chile: Edicola. 

— (2021). Las aguas dejaron de fusionarse con otras aguas. Santiago de Chile: Pez Espiral. 

— (2019). Piñen. Santiago de Chile: Pez Espiral.  

— (2018). Guerra florida. Rayülechi malon. Santiago de Chile: Del Aire Editores. 

— (2016). Río herido. Santiago de Chile: Edicola. 

Escobar, A., Osterweil, M. y Sharma, K. (2024). Relacionalidad. Una política emergente de la vida más allá de lo humano. Buenos Aires: Tinta Limón. 

 

Acerca de la autora

Caterina Cardona Cànaves es maestrante en Estudios Críticos del Lenguaje, con especialidad en Literaturas en Contexto, en la Universidad de Guadalajara. Anteriormente, cursó la Maestría en Formación del Profesorado en la Universitat de les Illes Balears (UIB), donde también obtuvo la licenciatura en Filología Catalana. También realizó el Posgrado en literatura Infantil y Juvenil: producción, usos y recepción, impartido conjuntamente por la Universitat Autònoma de Barcelona y el Banco del Libro de Venezuela. Además, cuenta con un Diplomado en Estética y crítica literaria feminista por la Universidad Católica de Chile. Actualmente, es profesora de asignatura en el Departamento de Lenguas Modernas de la Universidad de Guadalajara. 

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