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No por no ver no veo

Pascua Canelo, Marta. No por no ver no veo. Poéticas del ojo en la literatura hispanoamericana del siglo XXI escrita por mujeres. Madrid/Frankfurt, Iberoamericana/Vervuert, 2025.

“Ojos que no ven, corazón que no siente”, “Un ojo al gato y otro al garabato” o “A ojo de buen cubero” son solo algunos refranes que usamos en México relacionados con el ojo. También circula la superstición conocida como “mal de ojo”, según la cual una persona tiene la capacidad de producir daño, desgracias, enfermedades e incluso la muerte a otra solo con mirarla.

Se piensa que las mujeres embarazadas, los niños y los animales son particularmente susceptibles a este mal. De la parte afectada se dice que «está ojeada», que «le echaron mal de ojo», o «el ojo encima». Antiguamente se pensaba que las brujas, un grupo de mujeres perseguidad, eran quienes lo usaban para hacer caer enfermas a sus víctimas para que perdieran el amor o llegaran a dejarlas en ruinas. Sé que esta creencia no es reciente ni exclusiva de México. La idea del mal de ojo aparece, por ejuemplo, en la poesía de Virgilio en una conversación entre los pastores Menalcas y Damoetas, en la Égloga III. En el pasaje, Menalcas se lamenta de la mala salud de su ganado: «¿Qué ojo es el que ha fascinado a mis tiernos corderos?».

Este sería uno de los enormes poderes que tienen los ojos, órganos a los que dedica su libro Marta Pascua Canelo. El sentido de la vista ha sido el prioritario, nos cuenta la autora en este libro. Su lugar predilecto se cuestiona al proponer desbordes en el registro de lo visible. No pude evitar pensar en que una de las primeras cosas que se ejercita en un bebé es la visión, mediante juguetes con ciertos colores que se supone que favorecen el desarrollo cerebral. Sin embargo, al nacer, la vista en los bebés no es el sentido más desarrollado, su visión es limitada y borrosa y se va estabilizando hasta los 6 meses, cuando, por su parte, el sentido del oído desde el nacimiento está desarrollado por completo e incluso se sabe que los bebés perciben sonidos desde el útero de la madre.

En una época marcada por el lugar preponderante de las pantallas, en la que cada vez hay más adaptaciones de obras literarias a películas o series, Marta Pascua se detiene a analizar la importancia que se la ha dado al ojo culturalmente y al lugar que ha tenido en la literatura. Y con ello da pie a reflexiones sobre diversos temas como la salud, la enfermedad, el tratamiento de los cuerpos e incluso la violencia médica con una perspectiva de género.

Parece que hay enfermedades o padecimientos que merecen ser contados y otros que se ocultan, muchas veces por vergüenza. Cuando termina una guerra, por ejemplo, hay heridas que no se notan (las pérdidas de la audición por la cercanía de las bombas son comunes), pero otras, como mutilaciones, causan mayor compasión. Apelar a la compasión es la apuesta del personaje de “La Bella y La Bestia o la Herida demasiado grande”, cuento de la escritora brasileña Clarice Lispector. El personaje es un mendigo que pide dinero en las calles mostrando una herida en la pierna que mantiene lo más repulsiva posible a los ojos de los demás porque es su forma de mantenerse. No la oculta, al contrario, la exhibe en su forma más grotesca.

Los ojos son órganos fundamentales, por lo que sacarlos es un castigo imponente. Todxs recordamos que Edipo se saca los ojos para autocastigarse por haber cometido incesto y parricidio. En Las tierras arrasadas, novela de Emiliano Monge, Estela también se saca los ojos cuando se entera que han asesinado a su pareja. Por otro lado, en “La expiación” cuento de Silvina Ocampo, por venganza, le sacan los ojos a quien ve insistente y lascivamente a la esposa. El tema del ojo en la literatura como vigilante, remite también al cuento de Liliana Colanzi, o cómo la falta de un ojo es motivo de burla y vergüenza en el cuento “La tuerta” de la escritora brasileña Julia Lópes de Almeida.

Marta Pascua hace un recorrido por escritores ciegos, escritores con alguna debilidad visual y además personajes ciegos o con debilidad visual. No es lo mismo ser escritor con problemas de visión a escribir sobre alguien que tiene problemas de visión. Pero además de todo, en su libro hay una perspectiva de género muy clara: estudia, sobre todo, a escritoras y a personajes femeninos. En este sentido, destacan los análisis que hace de Lina Meruane y Guadalupe Nettel, por citar solo los dos ejemplos más célebres de las letras mexicanas, y la genealogía que traza cuando menciona a Gabriela Mistral, Marta Brunet y Josefina Vicens, hasta llegar a obras más contemporáneas de Verónica Gerber, Daniela Bojórquez, María Gaínza, Miren Agur Meabe y Mercedes Halfon.

¿Cómo miran las mujeres? Es la pregunta que se hace Andrés Neuman y que recoge la autora, quien estudia en este libro a mujeres escritoras con debilidad visual y que escriben sobre esto, sobre el cuerpo y sobre los sentidos. A lo largo del libro se presentan otras interrogantes: ¿Por qué hay tan poca presencia femenina en el archivo de la ceguera? Y ¿Por qué los hombres siguen siendo los referentes en cuanto a escritores ciegos? Borges nos viene a la mente de inmediato, así como Saramago con su Ensayo sobre la ceguera o Ernesto Sábato con su Informe sobre ciegos. Por esto la autora sostiene la hipótesis de que la ceguera se había configurado como un tropo cultural y discursivo exclusivamente masculino. Mientras que “la ceguera femenina no participaba del mismo prestigio que la masculina y, de la misma manera en que se hacía con otras experiencias corporales femeninas, se escondía. Esto es porque muchos de los temas femeninos relacionados con el cuerpo permanecían silenciados, tomados como privados e íntimos de los que no era necesario hablar. Así, concluye la autora […] como consecuencia de esta asimilación con la enfermedad, con el dolor y con la pérdida, y debido a esa falta de estatus literario, las mujeres han sido históricamente arrebatadas del relato de la ceguera y quieren ahora tomar las riendas de sus cuerpos y de sus discursos. (Pascua, p. 83).

El trabajo de Marta Pascua acierta al desplazarse de las poéticas de la mirada hacia las poéticas del ojo, al estudiar las conexiones entre el motivo del ojo (defectuoso, deficiente, enfermo, extirpado) en la literatura contemporánea hispanoamericana y la perspectiva de género en obras publicadas en los últimos años. La autora sugiere que la presencia del ojo defectuoso en la literatura actual escrita por mujeres no solo es un tema, sino que da cuenta de nuevas estéticas y de nuevas formas de narrar. Este libro es un gran aporte al archivo de las escritoras que llama “las casi ciegas”, pues hay una búsqueda de indicios de ojos enfermos para señalar que la literatura y sus acercamientos muchas veces están atravesados por una postura ocularcéntrica, patriarcal y capacitista, que es esta postura de ver con cierta lástima, desprecio o paternalismo a las personas que tienen una enfermedad o padecimiento. Las poéticas del ojo que le interesan a Marta Pascua Canelo son precisamente aquellas que parten de cuerpos enfermos y anómalos, donde los cuerpos son incómodos, dañados o discapacitados.

Fotografía de la presentación del libro No por no ver no veo, llevada a cabo en la Casa de las Humanidades el 10 de octubre de 2025.

A lo largo de 5 capítulos, Marta Pascua Canelo identifica una literatura, mayoritariamente femenina, en donde hay un gran ojo omnisciente (masculino, imperial) que vigila y que estandariza la mirada. Así, propone que si bien existe una male gaze (Mulvey), debe existir una female gaze desde la que, desde una postura disidente, se cuestione la mirada hegemónica y se propongan códigos de visión alternativos. De esta manera, la ceguera no sería solo un defecto, o una resta, sino una suma: se ganaría una nueva visión, un modo de ver distinto, más allá de la mirada masculina o la mirada perfecta. Una construcción de nuevos y múltiples marcos de visión por fuera de los patriarcales.

Es importante destacar que esta investigación es rigurosa, innovadora y perspicaz y que es una muestra clara de cómo se debe hacer un estudio interdisciplinar: la autora tiene una solidez metodológica que pasa por la teoría de género, los estudios literarios, los estudios culturales, la filosofía, los estudios del cuerpo y las corporalidades, la teoría queer, los estudios sensoriales y los estudios de la discapacidad. Todos ellos imprescindibles para acercarnos de manera seria a la literatura latinoamericana contemporánea.

Acerca de la autora

Brenda Morales Muñoz

Licenciada, maestra y doctora en Estudios Latinoamericanos (área de literatura)por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma deMéxico. Realizó…

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