Paula Rego: The Complete Graphic Work (2012).

Imprimir Entrada

Breve panorama de la narrativa latinoamericana sobre el aborto

No pude terminar de limpiar sola. A veces una
no puede con todo. Hay que aceptarlo.
Hacer que otro raspe las paredes de tu útero
con una cucharita afilada mientras dormís
profundo por primera vez en mucho tiempo
es también una forma del amor.  
Legrado, Soledad Castresana 

 

Desde finales del siglo XX, el activismo feminista ha puesto en el centro de las discusiones públicas y en los debates políticos, sociales y sanitarios el derecho a la interrupción legal y segura del embarazo. Esto ha traído consigo cambios legislativos que, en algunos casos, han desembocado en la despenalización del aborto en diferentes países latinoamericanos. Este tema, junto con otros como las corporalidades, la sexualidad o la autonomía de las mujeres sobre sus cuerpos, ha impactado en varios tipos de discursos, entre ellos el literario.i Con esto no quiero decir que antes no se tratara el tema, pero sí que se hacía de manera velada y en menor medida.  

El objetivo de este texto es presentar un breve panorama general de obras narrativas latinoamericanas que abordan de manera central el aborto. La mayoría de ellas se refieren a abortos clandestinos, pues están contextualizados en entornos donde hay penalización.  

Paula Rego: The Complete Graphic Work (2012).

La escritora boliviana María Virginia Estenssoro es la primera autora latinoamericana, que pude rastrear, que aborda el tema del aborto en “El hijo que nunca fue”, un cuento publicado en 1937. En este relato, calificado como de terror, el alma de un bebé abortado persigue a la protagonista, una mujer que sostiene una relación amorosa con un hombre casado. Por este motivo, su obra fue censurada y solo pudo ser reeditada hasta después de su muerte.  

Años después, en 1959, se publicó Sangre en las manos, de la ecuatoriana Laura Pérez de Oleas. Esta novela narra la historia de una obstetra que fue llevada a juicio por la muerte de una paciente a la que se le practicó un aborto en 1938. Por otro lado, en La pasión según G. H. (1964), de la escritora brasileña Clarice Lispector, la protagonista recuerda que, cuando era joven, se realizó un aborto voluntario en un consultorio médico.  

A continuación, se mencionarán algunas escritoras argentinas, pues es el país en donde he encontrado más obras que abordan esta temática. En primer lugar, mencionaré a Sara Gallardo, que escribió la novela Enero en 1958, la cual fue reeditada en 2019. En ella una adolescente, Nefer, está embarazada tras una violación y planea abortar llena de miedo y culpa, pero tiene todo en contra. La historia se desenvuelve en una sociedad profundamente machista en una zona rural argentina de mitad del siglo XX. La novela está marcada por un ambiente de tensión y desasosiego que se vuelve más evidente conforme seguimos los pasos de su protagonista. Es importante destacar que nunca se menciona la palabra aborto, aunque se sugiere de muchas maneras, lo que permite percibir la opresión en la que vivía Nefer.  

En cuanto a la no ficción, el ejemplo más claro son los diarios de Alejandra Pizarnik. En ellos narró su propia experiencia de interrupción de un embarazo en los años sesenta, durante una estancia en París. Cuando sospecha que está embarazada escribe:  

El miedo a quedar encinta. Quedarme preñada es sinónimo de muerte. Es un sonido de alarma. Algo que me dice: Se cerró el cielo. Anillo perfecto. Escribo en pleno terror. Si C. me embarazó no podré suicidarme. No se trata de abortar o tener un hijo. No me asusta. Aunque esperar un hijo sería quedarse encerrada en un ascensor entre dos pisos, en plena zona de asfixia. Abortar no me da miedo ni culpa. Sí, me da miedo de recibir un castigo no menos asfixiante: prisión a perpetuidad. No podré vivir ni un solo día con un hijo, con algo creciendo y alimentándose de mí. (p. 610)  

Para Pizarnik tener un hijo no era una opción de vida, por lo que nunca duda en abortar. El 22 de septiembre de 1963 confirma que está embarazada: “Sí, estoy encinta. De pronto, la idea de no reaccionar con miedo y llantos. Hacer lo que se necesita hacer con extrema seguridad y lucidez” (p. 620). En los días subsecuentes llama a varios médicos hasta que consigue cita para su procedimiento. La siguiente entrada narra cómo se sentía tras haber abortado: 

…manteniendo la máscara a una distancia necesaria para sentir el dolor en su calidad pura, temblando las piernas que sin embargo quisieran cerrarse, tiran de ti, un claro en lo espeso, en lo especioso de una oscuridad de formas movedizas, dispuestas con perfección para esta liturgia que es el reverso de dos manos tirando de entre ti para arrancar el pequeño corazón de un embrión que iba a ser una forma dotada de voz y de movimiento y de peligrosos relieves, la noche relampagueando dentro de la máscara te cortan con ruido a graznido. (p. 621)   

Pizarnik, que se había conducido con practicidad, y hasta cierto punto con frialdad, para resolver el problema, termina por exponer su dolor físico y mental tras la intervención y por confesar que le afectó, aunque luchó para que no fuera así.  

Los amores de Laurita (1984), de Ana María Shua se enfoca en una chica burguesa que debe responder a ciertos mandatos tanto de su género como de su clase social. Conforme va creciendo, su protagonista cuestiona estos mandatos hasta que se enfrenta a un embarazo no deseado y un aborto en el que se juega la vida en total soledad y secrecía.  

Nadie alzaba la voz (1994), de Paula Varsavsky, es una novela de crecimiento ambientada en la dictadura militar en la que su protagonista, Luz Golman —también una chica de clase alta— parece ajena al mundo político y está solamente interesada en explorar su sexualidad. Cuando queda embarazada, su madre la ayuda a abortar dejando de lado los juicios sobre su hija.  

Claudia Piñero ha abordado el tema en tres novelas y un cuento y se ha convertido en una de las principales activistas en favor de la despenalización del aborto. En Tuya (2005) Lali, una adolescente de 17 años e integrante de una familia de clase media, quiere hacerse un aborto clandestino, pero duda de su decisión y se debate entre tener o no al bebé en completa soledad. En Elena sabe (2006) a Isabel, una mujer segura de que desea abortar, no se lo permiten y se muestran las consecuencias que esto tiene en su vida. Sin quererlo, Isabel se convierte en madre de una niña, lleva una maternidad forzada y nunca logra establecer un vínculo amoroso con su hija. Su novela Catedrales (2020) se centra en las consecuencias familiares y los prejuicios sociales en torno de un aborto, todo enmarcado desde el género policial. Por último, mencionaré su cuento “Basura para las gallinas”, incluido en el libro Quién no (2018), quizás uno de los textos más crudos por la forma en la que se representa corporalmente la interrupción de un embarazo. En él, una madre le practica un aborto a su propia hija con una aguja de tejer, tal como lo había hecho su madre con ella cuando era joven, porque ese parece el único recurso al alcance de las mujeres que no tienen autonomía sobre su vida sexual.  

Claudia Piñeiro

En la celebrada novela Las primas (2009), Aurora Venturini presenta un mundo femenino marginalizado, cuerpos con rarezas y deformidades, abandono paterno, violencias y embarazos no deseados.  Los personajes no reciben ningún tipo de educación sexual. Una de las primas, Carina, de 15, queda embarazada. Yuna, la protagonista y narradora, a los 18 no sabía ni cómo podría embarazarse ni lo que era un aborto. Con Carina se entera del “desembarazo” porque la acompaña en todo el proceso, desde el viaje a una clínica clandestina hasta su recuperación marcada por la tristeza y la culpa.  

En “Los años intoxicados” (Las cosas que perdimos en el fuego, 2016), Mariana Enríquez presenta un grupo de amigas que intenta vivir con libertad en la Buenos Aires de los años noventa. Algunas se embarazan y abortan aterradas porque se sabe de varias mujeres que mueren porque, al ser ilegales, las personas que los practicaban no seguían los procesos adecuados por temor a ser descubiertas. 

Por su parte, en 2019 Mariana Komiseroff publicó Una nena muy blanca, novela en la que construye una historia familiar (formada por una madre y sus dos hijas, Ely y Jésica) atravesada por situaciones de violencia que ponen en escena el cuerpo de la mujer frente al abuso, el aborto y la maternidad como una condena o un destino del que no pueden escapar.  

En otros latitudes, encontramos “Sangre coagulada”, cuento incluido en Las voladoras (2020), en donde la ecuatoriana Mónica Ojeda presenta a una abuela que practica abortos clandestinos a niñas de su comunidad rural. Ahí es odiada y considerada imprescindible en la misma medida. La abuela ayuda a abortar a muchas mujeres, incluso a su nieta Ranita, de tan sólo 13 años.  

“Dragones dormidos”, cuento de la escritora boliviana Magela Baudoin incluido en La composición de la sal (2014) narra cómo las mujeres son obligadas a abortar en secreto y poniendo en peligro su vida. En una narración fantástica, una mujer viaja por Bolivia y conoce leyendas de dioses y montañas. En uno de los pueblos se entera de que los médicos kallawayas podían sanar cualquier padecimiento, entre ellos un embarazo no deseado.  

En México, uno de los primeros cuentos que aborda el aborto es “El último verano”, perteneciente al volumen Árboles petrificados (1977), de Amparo Dávila. La protagonista es una mujer de 45 años, de clase media, casada y madre de seis hijos que se enfrenta a un séptimo embarazo sin ganas de tener un hijo más. Desea interrumpir el embarazo y como esa no es opción ni para su médico ni para su esposo, ella debe resignarse.  

En la literatura mexicana existen otras obras que abordan el aborto, en mayor o menor medida, pero no me detendré en ellas por razones de espacio. Sin embargo, incluyo las referencias: Luisa Josefina Hernández en La memoria de Amadís (1967); Adela Fernández en “Una distinta geometría del sentimiento” (El perro o el hábito por la rosa, 1975); Inés Arredondo en “Atrapada” (Río subterráneo, 1979); María Luisa Puga en Pánico o peligro (1983) y en Como agua para chocolate (1989), de Laura Esquivel.  

En años recientes, destaca la novela La hora de la decisión (2007), de Ethel Krauze, en donde se cuestiona el papel real que las mujeres han tenido en torno al aborto, tema en el que se supondría que su opinión es fundamental. Sin embargo, la autora plantea que ha sido decidido por los hombres, lo que deja ver una sociedad machista y misógina.  

“Felina”, relato de Guadalupe Nettel que forma parte de El matrimonio de los peces rojos (2013), hace una analogía entre el embarazo de una mujer y el de una gata. La protagonista es una estudiante de historia cuya meta es irse al extranjero a hacer un posgrado. Sin embargo, ese futuro peligra cuando se enfrenta a un embarazo no deseado al mismo tiempo que una gata que adopta recientemente. Ambas parecen estar inconformes con su estado y estrechan su relación ante lo que están viviendo.  

Una parte de Temporada de huracanes (2017), de Fernanda Melchor, se dedica al aborto clandestino llevado a cabo por Norma, que es auxiliada por la Bruja, la curandera del pueblo. Norma no solo arriesga su salud, sino su libertad, pues en La Matosa está penalizado. Cuando el proceso no sale como se esperaba, la adolescente es llevada al hospital y retenida por la fuerza. 

La Bruja le da a Norma un brebaje para terminar con su embarazo, pero presenta una fuerte hemorragia, por lo que su pareja la lleva al hospital. Desde que ingresa recibe amenazas por parte del personal médico que le insiste en que debe proceder contra el hombre que la embarazó y, sin importar la corta edad de Norma, son ellos mismos quienes ejercen violencia contra ella:  

Las miradas acusadoras de las enfermeras, cuando al fin se dignaban a cambiarla, sin desamarrarla ni un solo instante de la cama porque esas habían sido las instrucciones de la trabajadora social: tenerla ahí prisionera hasta que la policía llegara, o hasta que Norma confesara y dijera lo que había hecho (p. 100).  

Así, Temporada de huracanes no solo incluye un aborto clandestino al que es sometida una menor de edad, sino que también se muestran las consecuencias, jurídicas y sanitarias, que enfrenta una niña en situación vulnerable.  

“Un viaje” forma parte de la colección Corazones negros (2019) de Atenea Cruz. En este relato una mujer, completamente segura de no seguir con su embarazo, viaja a la Ciudad de México a practicarse un aborto porque en su ciudad está penalizado y narra el paso a paso de su viaje y su estadía en una la clínica.  

Por último, Dahlia de la Cerda, escritora y activista, incluye “Perejil y coca cola” en su libro Perras de reserva (editado en 2019 por el Fondo Editorial Tierra Adentro y reeditado en 2022 por Sexto Piso) en el que se cuenta, con humor e ironía, una historia sobre un aborto en casa.  

Me gustaría detenerme en una obra, quizás menos conocida, que propone la escritora antiguana Jamaica Kincaid (Antigua y Barbuda, 1949), quien abordó temas relativos a la maternidad y la no maternidad en Autobiografía de mi madre, novela de 1996. En ella cuenta la dura historia de Xuela Claudette Desvarieux, una mujer dominiquesa cuya madre muere al momento de parirla y su papá la regala a una lavandera. Luego es vendida a un hombre mayor, casado y sin hijos, que busca tener un heredero a toda costa. Xuela se convierte en una esclava sexual, pero, a pesar de tener todo un sistema opresor en contra, decide abortar al hijo que espera y escapar.  

Portada de Autobiografía de mi madre de la edición de Lumen, 1996.
Portada de Autobiografía de mi madre de la edición de Lumen, 1996

En la novela se narra el aborto de la protagonista cuando es menor de edad. Monsieur LaBatte, un hombre mayor, fuerte, ambicioso y por el que no sentía la más mínima atracción, abusó de ella con la complicidad de su propio padre y de Madame LaBatte, lo que sugiere que la esclavitud sexual de mujeres precarizadas y racializadas era una práctica común en la isla caribeña. La pareja LaBatte la hospedó en su casa a cambio de que ella cada noche reciba al señor en su cuarto. Un día amanece muy enferma, estaba embarazada, pero no lo sabía, nadie le había explicado que podía sucederle. Cuando lo confirmó quiso de inmediato terminar con él: “pensé que, si llevaba un hijo en las entrañas, podría expulsarlo simplemente con la fuerza de mi voluntad. Le ordenaba que saliera de mí. Lo hice día tras día, pero no salió” (p. 77).  Finalmente, decide pedir ayuda y la narración detalla el procedimiento clandestino al que se sometió: 

Me dirigí andando a la casa de una mujer que ahora ya ha muerto, y cuando me abrió la puerta le puse mi puñado de chelines en las manos y me quedé mirándola a la cara. No dije una sola palabra. No sabía su verdadero nombre, todos la llamaban Sange-Sange… Me dio a beber una taza de un jarabe espeso y negro y luego me condujo hasta un pequeño hueco practicado en el suelo de la tierra para que me acostara en él. Estuve allí tumbada cuatro días, durante los cuales todo mi cuerpo fue un volcán de dolor; no sucedió nada, pero después y durante otros cuatro días, estuvo fluyendo sangre de entre mis piernas, lenta e ininterrumpidamente, como un manantial eterno. Y entonces cesó. El dolor no era comparable a nada que yo hubiera podido siquiera imaginar, era como la definición misma del dolor; cualquier otro dolor era sólo un débil reflejo de éste, una referencia, una imitación, un intento fallido de ser tan intenso como el que yo sentía entonces. (p. 78) 
 
Samanta Schewblin en Berlín, 2019 Fotografía tomada del portal https://tn.com.ar/
Samanta Schewblin en Berlín, 2019 Fotografía tomada del portal https://tn.com.ar/

Quisiera terminar este panorama con el cuento “Conservas” (2008), de Samanta Schewblin, pues es una de las pocas obras que aborda un aborto voluntario y legal. En el contexto distópico en el que se desarrolla la historia no sólo no se lleva a cabo un aborto en la clandestinidad, sino que se cuenta con apoyo médico profesional. Los protagonistas son una pareja que espera a su primer bebé con ilusión, incluso compran lo necesario y escogen el nombre para ella. Sin embargo, la mujer decide interrumpir el embarazo ante la angustia que siente por convertirse en madre y de no estar lista para ello. En un escenario fantástico, el médico realiza un procedimiento para revertir el embarazo y que ella tenga la opción de retomarlo cuando lo desee.  

Todo panorama deja fuera ejemplos, parece inevitable. Sin embargo, este es un intento por recuperar algunas de las obras literarias latinoamericanas que han puesto en el centro de sus historias a la problemática de los abortos voluntarios y en gran medida clandestinos. Este recorrido se ha propuesto dar un muestreo de las diferentes formas en las que un tema tan complejo —tan íntimo y a la vez prioritario en la salud pública—, ha impacto en la literatura escrita por mujeres.

 

Obras citadas:  

Kincaid, Jamaica. Autobiografía de mi madre. Navarra, Txalaparta, 2007.  

Melchor, Fernanda. Temporada de huracanes. Ciudad de México, Penguin Random House, 2018. 

Pizarnik, Alejandra. Diarios. Barcelona, Lumen, 2019. 

Acerca de la autora

Brenda Morales Muñoz

 

Licenciada, maestra y doctora en Estudios Latinoamericanos (área de literatura) por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Realizó… 

 

Compartir en redes