Los espacios
Las descripciones que se hacen de los espacios en esta novela me permite abordar discusiones en torno a la Generación Cero. Sin embargo, antes de comentar su relación con los espacios, ahondaré un poco más sobre este grupo literario, también conocido como Generación Año Cero, la cual se refiere a las y los escritores jóvenes cubanos que comenzaron a publicar a principios de la década de los 2000. Como sucede con este tipo de agrupaciones, varios de sus integrantes no se identifican con la etiqueta generacional pero también la aceptan sabiendo que pertenecer a un grupo puede favorecer la atención del campo editorial y literario. Este es el caso de Dazra Novak, quien menciona en una entrevista lo siguiente:
Nunca me he pensado como generación […] Este fenómeno de nuclearse no sé hasta qué punto sea genuino. No sé hasta qué punto ellos se sientan parte o no de esa generación. Ya sea una manera de mostrarse, de visibilizarse como grupo, de ser parte de algo […] Dazra Novak es una persona solitaria. […]. De ahí arranca eso de no sentirme parte de una generación. Reconozco que hemos coincidido en el tiempo, también por un fenómeno que se llama Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso […] Estuvimos todos juntos en algún momento en ese centro Onelio, pero que eso signifique que tenemos intereses compartidos o que tenemos miradas iguales, no lo creo. (citada en Viera 2022)
Sin embargo, tienen en común un acentuado interés por diferenciarse de promociones anteriores, “especialmente de los autores que alcanzaron visibilidad dentro y fuera de Cuba durante el llamado “Periodo Especial” o de los narradores “Novísimos”. Para éstos era central la representación de determinadas subjetividades que emergieron en los noventa (como drogadictos, prostitutas, balseros, jineteras, rockeros, gays, lesbianas), entre otras cosas, con vistas a dejar constancia de cómo se expresaba el ser nacional en la devastación económica y moral del Periodo Especial.” (Simal y Dorta 3) Este mismo posicionamiento se evidencia cuando, al hablar de la profesión de Rosita Aparicio como guía de turistas, se menciona el morbo extranjero por observar las ruinas de la ciudad -y con ello también las del proyecto socialista- y juzga a sus connacionales que participan en este intercambio: “Se esforzaba por llevar a los turistas solo a la parte reconstruida, a las zonas más vistosas […]. Según ella hacer dinero con la decadencia era como robarle a un niño su único pirulí saborizado”. ¿Será ésta una crítica velada al grupo de escritores que durante el Periodo Especial alimentaron las demandas de editoriales extranjeras por literatura testimonial en donde se destacaba lo más sórdido de La Habana durante los años noventa? Aunque no tengo una respuesta clara a esta pregunta, sí puedo afirmar que incluso en narrativas de corte realista en las que aparecen estas subjetividades, tal como sucede con Niñas en la casa vieja, podemos observar la diferencia en el abordaje de éstas, como es el caso del trabajo sexual de Ana Manso o el safismo de todas ellas.
Por lo demás, la Generación Cero se trata de un grupo bastante heterogéneo en cuanto a sus proyectos literarios, preocupaciones estéticas, estilo y temas. Sobre la narrativa de Novak, Simal y Dorta mencionan un interés por narrar el cuerpo de forma central, así como “indagaciones del yo, marcado carácter autorreflexivo y centrado en experiencias del trauma” (2017), las cuales se encuentran presentes en la novela que aquí estudio.
Otra característica que destacan quiénes estudian dicha generación es el uso de tiempos indeterminados o distópicos y, por ende, la ruptura con la representación realista y testimonial del contexto cubano. Sin embargo, la narrativa de Novak es una excepción, ya que se encuentra situada temporal y espacialmente en una Habana Post Soviética en la que sus personajes sobreviven y resisten el día a día. Al respecto, Katia Viera menciona en su tesis doctoral una polémica entre la crítica literaria que estudia a la Generación Cero. Por un lado, hay quienes consideran que existe un olvido o desatención a Cuba y a La Habana como lugar geográfico localizado y por otro lado, están quiénes complejizan la relación de estos escritores con el espacio, señalando que es posible encontrar referencias que nos remiten a un lugar que no es necesariamente geolocalizable, ya que puede tratarse de lugares en ruinas, afectivos, en la memoria colectiva, etc.
En el caso de Niñas en la casa vieja, sí encontramos referencias claras a la ciudad de La Habana. La casona, por ejemplo, está situada en la esquina de J y 19 en El Vedado. Se mencionan otros barrios y la protagonista narra una excursión a Centro Habana para visitar a una conocida de su madre: “la gitana vivía en Monte. Una de las más tormentosas calles de La Habana, donde la mugre se acomoda, centenaria, en un trasiego incesante de ómnibus y transeúntes. Mesitas de merolicos, vendedores, vidrieras vacías, letreros viejísimos y empolvados colgando en las entradas de tiendas que […] eternamente ofrecieran sus mercancías y todo tipo de vicios, ocultos a los ojos del visitante -más entretenido con su decadencia, que con ese cotidiano desenfado tan típico de nuestras ciudades del tercer mundo-.” (146) Sin embargo, la narración de estas visitas a la ciudad sucede como excepción a lo que transcurre en la casa y no como una constante dentro de la novela. Los sitios mencionados existen en una Habana que está “brutalmente dividida” y “tiene en su interior áreas, edificios, habitaciones y otros espacios que funcionan como islas, con límites precisos” (Ludmer 130).
Si bien esta relación con la ciudad de La Habana es específica de un contexto histórico y político en el que la Generación Cero intenta deslindarse y romper con generaciones anteriores, especialmente la de los Novísimos, es importante mencionar que también responde a un fenómeno literario más amplio. Diversos estudios sobre la narrativa latinoamericana reciente coinciden en que hay un cambio en el espacio geográfico donde se desarrollan la mayoría de las historias. Si bien durante el siglo XX la dicotomía campo/ciudad y lo nacional en la literatura fueron muy importantes, en las producciones literarias de las últimas décadas se vislumbra una nueva forma de pensar y definir el territorio. A lo anterior se suman las migraciones y los procesos globalizadores actuales, que dificultan la definición de literaturas nacionales y la adscripción clara de escritores a éstas. Por ello, es posible entender y leer a la Generación Cero y, específicamente la casa de Niñas en la casa vieja de Novak, desde la clave de la deslocalización, así como desde el concepto de “isla urbana”, planteado por Josefina Ludmer en Aquí América Latina:
[…] la isla es un mundo con reglas, leyes y sujetos específicos. En ese territorio […] los límites o cesuras identifican a la isla como zona exterior/interior: como territorio adentro de la ciudad (y por ende de la sociedad) y a la vez afuera, en la división misma. Los habitantes de la isla (los personajes que la narración puede multiplicar, fracturar y vaciar) parecen haber perdido la sociedad o algo que la representa en la forma de familia, clase, trabajo, razón y ley, y a veces de nación. […] Están afuera y adentro al mismo tiempo: afuera de la sociedad, en la isla, y a la vez adentro de la ciudad, que es lo social, donde se demarcan nítidamente los niveles y ocurre la historia y también “la subversión. (Ludmer 139).
Asimismo, esta lectura permite entender la función de los animales que también habitan la residencia, especialmente el de una tarántula llamada Natasha que se escapa de su caja y altera los nervios de todas las habitantes en el peor momento posible. Según Ludmer, en la isla existen cuerpos humanos y animales, mismos que “ya no se oponen […] humano y animal; el régimen borra esas diferencias porque los mezcla y los superpone y fusiona” (132).
Otras lecturas posibles: insularidad, no lugar y literatura LGBTQ+
La lectura propuesta en este texto basada en el concepto de “isla urbana” es solo una de muchas posibilidades presentes en la novela de Novak. Pueden sumarse diversas lecturas que abordan la representación del encierro y la “claustrofobia encubierta”, sensaciones compartidas por varias generaciones de escritores cubanos. Estas experiencias están íntimamente ligadas al contexto histórico y social de Cuba, tanto en el periodo anterior a la Revolución como durante el Periodo Especial y los años posteriores. La «maldita circunstancia del agua por todas partes», evocada por Virgilio Piñera, ha sido interpretada también como una manifestación de la insularidad, entendida «una manera de estar y de sentir el peso de un mundo opresor» (Navarrete 179).
Además de esta perspectiva, se pueden considerar otras aproximaciones teóricas, como el concepto de «no lugar» de Marc Augé o el «entre-lugar» propuesto por Homi Bhabha, marcos teóricos que ha utilizado Katia Viera en sus análisis de la narrativa de Novak.
Es importante mencionar que ciertos elementos quedaron fuera de este ensayo pero que son fundamentales en la lectura de Niñas en la casa vieja, como el diálogo constante que Novak establece con la novela Jardín, de Dulce María Loynaz.
Finalmente, cabe señalar que existen múltiples abordajes posibles desde la crítica literaria feminista y los estudios de lo queer. En este sentido, resulta fundamental destacar el diálogo que la novela mantiene con otra obra emblemática de la literatura cubana: El lobo, el bosque y el hombre nuevo, de Senel Paz.
Conclusiones
La novela Niñas en la casa vieja de Dazra Novak ofrece a sus lectores una exploración profunda y emotiva de la amistad, el aislamiento y las identidades sáficas en la Cuba post-soviética. La casona del Vedado no es únicamente el escenario en el que transcurre la vida de estas mujeres sino un personaje en sí mismo que muestra el pasado y presente del país, además de ser una representación muy acertada de una isla urbana en la que se encapsulan las necesidades y tensiones derivadas de vivir en una sociedad como la cubana, atravesada por la precariedad, el machismo y la heteronorma.
La forma íntima y casual de narrar temas como el deseo femenino, el contexto económico, el trabajo y la diversidad sexual, abordados sin morbo o sensacionalismo, permite entender la inclusión de Novak en la Generación Cero, así como la apuesta literaria que significó romper con las narrativas testimoniales y realistas que dominaron el mundo editorial durante el Periodo Especial.
Bibliografía
Ludmer, Josefina. Aquí América Latina. Una especulación. Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2010.
Navarrete Turrent, Lucila. «Bojeos a la insularidad: aproximaciones a la cuentística de Virgilio Pinera.» Tesis de doctorado, UNAM, 2017.
Simal, Mónica, y Walfrido Dorta Sánchez. «Literatura cubana contemporánea: lecturas sobre la Generación Cero (introducción).» Revista Letral 18, 2017, pp. 1-8.
Viera, Katia. Narrativa cubana hoy. Protocolos de la crítica literaria en torno a la Generación Cero en Latinoamérica. Revista de estudios Latinoamericanos, núm. 75, 2022, pp. 183-206.