Maletas perdidas

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Maletas perdidas (San Salvador, 2018), de Jacinta Escudos

No puedo imaginarme estática en un lugar, ni siquiera después de muerta.
Habrán de devolverme a la tierra, a otros mundos, a vagar por paraísos e infiernos, no sé.
Jacinta Escudos, “Apuntes en mi block amarillo”, en Maletas perdidas.

 

Nacida en San Salvador en 1961, Jacinta Escudos cuenta con una amplia y sólida producción literaria que, sin embargo, fuera de su país, es poco conocida y aún mucho menos estudiada. Entre sus obras, cabe destacar las novelas El desencanto (2001), A-B Sudario (2003) y El asesino melancólico (2005), así como los libros de relatos breves Cuentos sucios (2007), El diablo sabe mi nombre (2008) y Crónicas para sentimentales (2010). Hasta donde conozco, su escritura tiende a atenuar o evitar los tópicos que usualmente se esperan de los autores centroamericanos incorporados a los grandes circuitos editoriales (pienso, por ejemplo, en Gioconda Belli, Sergio Ramírez, Horacio Castellanos Moya y Rodrigo Rey Rosa): en general, los trabajos de Escudos no se caracterizan por reivindicar o poner en tela de juicio la figura del escritor comprometido, por defender o desacreditar el legado de las luchas armadas de Centroamérica en la segunda mitad del siglo XX, ni por articularse en torno a lo testimonial, la violencia y la denuncia política o social.

Fotografía de la autora
Fotografía de la autora

Maletas perdidas reúne un total de 37 crónicas, breves o muy breves. El libro fue publicado originalmente en 2018 por la editorial salvadoreña Los sin Pisto (‘pisto’, por cierto, significa dinero en el habla centroamericana) y se divide en cinco secciones. La primera, titulada “Alemania”, incluye un total de siete crónicas sobre las estadías de Escudos en aquel país. En la nota introductoria a esta sección, Escudos comenta: “El primer viaje de mi vida, a los 4 o 5 años de edad, fue a Alemania. Mi madre, oriunda de Berlín, me llevó para ser presentada ante los abuelos arios. Buena decepción se habrán llevado al verme morenita, flacucha y de ojos oscuros. Ni parecida a los ancestros que eran exactamente lo opuesto”. En diversos pasajes de esta sección, Escudos hace énfasis en el incómodo contraste entre su apariencia física y la de los alemanes. Por ejemplo, en “Postal de Kreuzau”, crónica escrita durante la estadía de Escudos en la Heinrich Böll Haus, de febrero a junio del año 2000 (estadía que le permitió trabajar en la novela A-B-Sudario y el libro de cuentos El diablo sabe mi nombre), la autora consigna, en primer término, el desdén con que la trata la empleada de una panadería: “se nota que le desagrada atenderme. Su problema soy yo. Mi aspecto físico. Le agrede mi cabello negro, mi piel morena, mis ojos café [sic], el acento al pronunciar su idioma”. En segundo término, la experiencia vivida en otra panadería de Kreuzau no resulta menos desagradable: “No me gusta entrar allí porque también hay un pequeño café y cuando entro, los comensales suelen detener sus tazas o sus bocados de pastel en el aire para verme pasar. No lo hacen arrobados por mi belleza física, sobre todo[,] porque no soy Salma Hayek. Conozco demasiado bien esa expresión como para engañarme y suponer otras cosas. Es una expresión de desagrado, una expresión que dice ‘¿pero cómo se atreve ésta a entrar aquí?’”. Tales rechazos se nutren de la ignorancia y la incomprensión. Más adelante, en esa misma crónica, Escudos recuerda una experiencia de 1980: “La primera vez que fui a una oficina en Berlín Occidental hace 20 años, la mujer que me atendió me preguntó después de examinar horas en un mapa y un catálogo, ‘¿en qué parte de África está El Salvador?’”. Semejante ignorancia estaría lejos de remediarse con el paso del tiempo; ya hacia el final de esta crónica, Escudos narra un episodio con un joven dentista alemán (ocurrido, desde luego, en el año 2000): “Él no sabe dónde está El Salvador. Tampoco sabe dónde está Centro América. Tiene una leve noción [de] que puede estar cerca de México, y me pregunta por Panamá y cómo es todo aquello. ¿Y qué voy a decirle? ¿Voy a desilusionar al joven pimpollo diciéndole que hay desempleo, que las ciudades son sucias y calurosas, que los asaltantes te apuñalan por un reloj de plástico y los niños piden limosna en los semáforos?”. Si bien en otras crónicas de “Alemania”, Escudos trata aspectos mucho menos problemáticos de sus experiencias en aquel país (por ejemplo, sus viajes en tren, sus visitas a algunas catedrales, su gusto por las flores de allá), prevalece una sensación de soledad y exclusión.

La segunda sección de Maletas perdidas se titula “Frontera Nicaragua-Costa Rica” y contiene un total de nueve crónicas. Éstas relatan una serie de viajes de ida y vuelta de Costa Rica a Nicaragua, realizados de 2005 a 2009. Escudos recuerda que en 2004 tomó la determinación de mudarse a Costa Rica y que la ejecutó al año siguiente; sin embargo, le fue negado un permiso de residencia en ese país; para mantenerse en una situación migratoria legal, la escritora tenía que salir una vez al mes de Costa Rica y reingresar con una especie de permiso renovado. En la crónica que abre la segunda sección, “Lunch en Peñas Blancas” (escrita, de acuerdo con una nota aclaratoria a pie de página, en mayo de 2005), Escudos registra el primero de aquellos viajes: “es la primera vez que regreso a Nicaragua en 4 años casi exactos, y cuando reí con los otros comensales fue como reír con antiguos parientes, es como volver a la casa que nunca tuve, a la casa que ya no tengo, no me siento extraña como sí me siento en el lugar que me vio nacer, aquí puedo ser extranjera con toda comodidad, pero aunque han pasado años de ausencia, siento que no ha cambiado nada, que no me he ido más que de paseo, que regreso a algo que ya conozco […]”. Estos viajes dan a Escudos la posibilidad de establecer algunos vínculos que, si bien están, de antemano, destinados a perderse, reafirman la identidad centroamericana e irremediablemente periférica de esta escritora. Se reconoce en la precariedad y la incertidumbre de los cientos o miles de trabajadores nicaragüenses que buscan mejorar sus condiciones de vida en Costa Rica. Si bien en la segunda sección del libro no se impone la soledad como resultado de la incomprensión y la ignorancia, sí permanece como una experiencia latente, quizá constitutiva.

Maletas perdidas
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La tercera sección, titulada “Costa Rica”, contiene un total de diez crónicas dedicadas a la vida en la periferia de San José, donde la autora habría residido entre 2005 y 2009. Aparecen, en esos textos, pordioseros, migrantes, trabajadores, homosexuales, entre otros individuos con quienes Escudos, como en sus viajes entre Costa Rica y Nicaragua, establece vínculos momentáneos pero significativos. Por ejemplo, en “Aquí murió Pami”, Escudos recuerda su preocupación ante la posible muerte de Gerardo, un alcohólico conocido suyo y condenado a vagar por las calles de San José: una mañana de marzo de 2007, apareció, cerca del lugar donde ella vivía, una persona sin vida que podría haber sido Gerardo. Si bien este último se salvó aquella vez (el muerto fue Pami, como indica el título de la crónica), al parecer, su destino se cumplirá de manera irrevocable: “Veo morir a Gerardo un poco todos los días. En la compañía de su perra, en la soledad de la ciudad. […] Con aquella sed que ningún líquido podrá saciar nunca. Y con la hiedra de la tristeza creciéndole por dentro, sacando brotes de sus ojos y echando raíces en su corazón”.

Para la cuarta sección, titulada “Otros territorios”, se presentan cinco crónicas de viajes a Francia, España, Nicaragua y Guatemala. Por cuestiones de espacio, no me es posible detenerme en ellas. A fin de esbozar una lectura global de Maletas perdidas, paso a la quinta y última sección, que lleva el título de “Los regresos (El Salvador)” y contiene un total de seis crónicas. A mi entender, el libro nos propone un periplo que parte desde la lejana y fría Alemania; continúa en los esfuerzos y esperanzas de la frontera entre Nicaragua y Costa Rica; se prolonga en la angustiosa periferia de San José; se diversifica en un vistazo a cuatro países; y concluye en el regreso a El Salvador. La penúltima crónica del libro se titula “Parte de guerra”, sin embargo, no tiene que ver con ningún conflicto armado: el texto da cuenta de la lucha de Escudos, primordialmente solitaria, para conseguir la residencia en Costa Rica. No se rindió hasta lograrla; y, una vez conseguida esa íntima victoria, tomó la decisión de regresar a su país: “en ese momento por el cual había peleado, como una guerrera espartana, durante tres largos, improductivos y paralizantes años de mi vida, me dije a mí misma: ‘Es hora de volver’. La batalla había terminado”. Luego, en la última crónica del libro, titulada “Guadalupana”, la autora describe la víspera de la fiesta religiosa del 12 de diciembre en la Basílica de Guadalupe de El Salvador; lo hace con interés y respeto, sin pretensiones religiosas, ni folklóricas, ni desprecio. A mi entender, el libro concluye con una reconciliación modesta y realista entre Escudos y su país: “La medianoche del 11 de diciembre [de 2009], desde el segundo piso de mi nueva morada, veo los juegos de pólvora que queman en la Basílica. Veo las luces de colores reventando en el cielo y pienso que todo esto es una especie de bienvenida. Gracias[,] pues, a quien corresponda”.

 

Referencias

Diccionario de la literatura centroamericana, Albino Chacón (coord.). Heredia, EUNA, 2011.

Escudos, Jacinta. A-B Sudario. Guatemala, Alfaguara, 2003.

_____. Crónicas para sentimentales. San Salvador, Los sin Pisto, 2021.

_____. Cuentos sucios. San Salvador, Dirección de Publicaciones e Impresos, 2010.

_____. El asesino melancólico. México, Alfaguara, 2015.

_____. El desencanto. San Salvador, Dirección de Publicaciones e Impresos, 2001.

_____. El diablo sabe mi nombre. San Salvador, Los sin Pisto, 2020.

_____. Maletas perdidas. San Salvador, Los sin Pisto, 2020.

Acerca del autor

Jesús Dávila, doctor en Literatura Hispánica por El Colegio de México, es profesor de tiempo completo en el Colegio de Estudios Latinoamericanos, FFyL, UNAM y responsable del proyecto de investigación “La literatura moderna y contemporánea de Centroamérica: tendencias, formas discursivas y acercamientos críticos”.

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