La primera parte de la novela en particular—que ocupa casi la mitad de la novela—avanza lentamente y acaba con el nacimiento del hijo de Miseria, mientras Reyes prepara el terreno para la próxima confluencia de los varios hilos narrativos. Se ocupa en construir el nuevo mundo en que habitan las protagonistas, agrandando el elenco de personajes secundarios y construyendo una red de apoyo tanto para Miseria como Cometierra a través de colegas, mascotas, amigas e hijxs de amigas. La sororidad y familia elegida resultan más importantes que nunca en Miseria, pero a veces los personajes secundarios se construyen como meros instrumentos de la trama y con cabos sueltos. ¿Será que estos cabos sueltos representan un posible continuación y conclusión de la historia en una tercera novela, o tal vez simplemente representan la imposibilidad de una conclusión satisfactoria y feliz para personajes radicados dentro de un sistema de tanta violencia y desigualdad?
Un ejemplo notable de estas maniobras narrativas en Miseria es la figura de Madame La Reina de la Noche, simbolizada por su ojo celeste en forma de pez sin cola, y construida como una figura misteriosa adentrada en la magia negra, pero quién da—más que miedo—la impresión de ser tarotista chantajista de una feria del pueblo. su caracterización no resulta creíble ni congruente, ya que da un toque carnavalesco a la novela, una novela que sí dialoga con lo supernatural y la magia, pero fundamentalmente se arraiga en la brutalidad y realidad de la violencia diaria del conurbano bonaerense.
Sin embargo, Reyes se esfuerza para—y logra, hasta cierto punto—entrecruzar las dos líneas (y preocupaciones) narrativas a lo largo de la novela, aunque a veces eventos claves de la trama surgen y se resuelven abruptamente. Por ejemplo, cuando aparece la idea de abrir un local para atender a familiares de lxs desaparecidxs. Apenas se menciona, y dos capítulos breves después, ya tienen el local.
Las partes dos y tres son más agradables para la lectora por el ritmo y porque nos recuerda el encanto singular de la primera novela en cuanto Cometierra vuelve a sus actividades de vidente. Al final, brinda una conclusión satisfactoria y entendible pero algo apurada, la cual corta un poco el ritmo. Cabe decir que, a mi parecer, el estilo literario de Reyes no se destaca por su sutileza, pero sugiero que, más que un déficit, es una decisión activa, una manera de representar y reflejar la severidad y dureza del entorno de sus personajes a través de la puntualidad de sus palabras. Reyes no es una novelista a quien se lee por la elegancia de sus oraciones, sino por la contundencia de sus conceptos e ideologías transmitidos, y dentro de ellos se esconde una sensorialidad que fascina.
De hecho, en Miseria, observamos un resurgimiento y resignificación de lo sensorial (que también está presente en Cometierra), pero que esta vez hace énfasis en la vista, el ver y los ojos. Mientras Miseria ve para afuera, se instala en su nueva vida, y siempre anda en la calle, con los amigos, con su hijo, Cometierra dirige su vista al interior, a los pensamientos, y sus capítulos son marcados por un tono más reflexivo. Pero a las dos—en especial Cometierra quien expresa que “trato de no mirar a nadie, pero sobre todo intento que nadie me mire a mi” (40)—los ojos los están viendo de todos lados en este “hormiguero” (13) de Liniers, desde las paredes atascadas de carteles de personas desaparecidas hasta Madame misma, la maldad personificada. Por ende, la vista se vuelve una herramienta tanto poderosa como significativa en Miseria, una que conlleva una conexión inextricable con la tierra, ya que es justo la tierra que hace “ver” a Cometierra.
Si bien no es tan singular como su debut, a través de las más de 300 páginas de Miseria, publicada por la casa editorial Alfaguara, la autora sí encadena, explora e indaga en grandes temas narrativos como son la maternidad; la sororidad femenina y queer; y la violencia cíclica e inevitable de un mundo heteropatriarcal, lo cual permite una lectura interesante desde la crítica literaria feminista, incluso una que reconsidera la relación entra cuerpo-tierra.
Entre esos temas, es la sororidad que me parece especialmente destacada. La relación cercana y de mucha confianza entre Miseria y Cometierra es la que impulsa y arraiga la novela en una veracidad de sororidad y cuidado recíproco. En el primer capítulo, Miseria dice: “Me acerco a ella, me agacho, le doy un beso y aprovecho para abrazarla un rato. Ella me atrapa las manos apretándomelas contra su cuerpo.” Aunque está influenciada también por sus sueños con la Seño Ana—otro vínculo femenino clave para nuestra protagonista—quien le recuerda de su deber, de la importancia de no olvidar sobre todo, es últimamente su miedo por la salud de Miseria y su hijo que le convence a comer tierra para Tina en cambio por sus habilidades como partera.